Reino Unido ha elevado el listón del acceso de menores a las redes sociales con el anuncio de una de las legislaciones más restrictivas del mundo en materia de acceso de menores a redes sociales. El primer ministro británico, Keir Starmer, ha confirmado que el país prohibirá el acceso a plataformas como TikTok, Instagram, Snapchat, Facebook, YouTube o X a los menores de 16 años a partir de 2027, en una ofensiva regulatoria que el propio Ejecutivo asegura que “irá más allá que cualquier otro país”. Para Sergio García, gerente de i3e, el anuncio británico demuestra que “Europa está entrando en una nueva fase regulatoria donde ya no solo se cuestiona la edad mínima de acceso, sino el propio funcionamiento de las plataformas y sus dinámicas adictivas”. A su juicio, el modelo británico “supera claramente el enfoque planteado hasta ahora por España y otros países europeos”.
Mientras el Gobierno de Pedro Sánchez había centrado su propuesta en reforzar la verificación de edad y limitar el acceso mediante sistemas auditables, Reino Unido amplía el alcance regulatorio y pone el foco en funcionalidades concretas de las plataformas. Entre las medidas anunciadas figuran el bloqueo de transmisiones en directo para menores, la prohibición de contacto con desconocidos en redes sociales y videojuegos, posibles toques de queda nocturnos, limitaciones al “scroll infinito” y restricciones específicas a chatbots de inteligencia artificial con funciones íntimas o de acompañamiento romántico.
El anuncio sigue la línea iniciada por Australia, primer país en implantar una prohibición similar, aunque el modelo británico introduce un enfoque más amplio y agresivo. Francia, Dinamarca o Canadá también estudian restricciones similares, consolidando una tendencia internacional hacia un mayor control del acceso de menores a entornos digitales.
Cómo evitar la evasión de la norma
El principal reto, sin embargo, sigue siendo técnico y operativo. Igual que ocurre con las propuestas impulsadas en España o Australia, el éxito de la normativa dependerá de la capacidad real de las plataformas para verificar la edad de sus usuarios sin comprometer la privacidad.
Entre los mecanismos que se están estudiando figuran sistemas biométricos, validación documental mediante DNI o pasaporte y credenciales digitales anónimas. No obstante, los expertos recuerdan que los menores seguirán encontrando posibles vías para esquivar los controles mediante VPN, cuentas compartidas o documentación facilitada por adultos.
De hecho, el propio Gobierno británico ha reconocido públicamente el desafío que representan las VPN y otras herramientas de evasión, aunque insiste en que la regulación sigue siendo necesaria para elevar las barreras de acceso y modificar los hábitos digitales de los menores.
“Las restricciones pueden endurecerse tanto como quieran los gobiernos, pero si no existen mecanismos técnicos robustos y corresponsabilidad familiar, siempre existirán grietas”, anticipa García. El experto recuerda además que tecnologías como el reconocimiento facial todavía presentan márgenes de error significativos en la estimación de edad.
Para el gerente de i3e, esta nueva ola regulatoria anticipa “un cambio estructural en internet”, donde las plataformas dejarán de autorregularse para quedar sometidas a una supervisión mucho más estricta sobre cómo diseñan y gestionan la experiencia digital de los menores.