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Miguel Huguet, business angel: «El dinero existe; el reto es construir proyectos capaces de atraerlo»

· Profesor universitario, inversor, investigador y autor de A la caza del capital, Miguel Huguet combina la actividad académica con el desarrollo de proyectos empresariales y culturales

Redacción | Viernes 03 de julio de 2026

La reciente inversión de su family office en Bodegas Undersea, una iniciativa pionera de envejecimiento submarino de vino, refleja una filosofía que lleva años defendiendo: las mejores oportunidades surgen allí donde convergen innovación, diferenciación y relato.



Redacción. Su trayectoria combina cultura, emprendimiento, inversión y docencia. ¿Existe un hilo conductor entre todas ellas?

Miguel Huguet.

Sí. Siempre ha sido el mismo: la creación de valor.

He dedicado buena parte de mi vida a analizar cómo nacen las ideas, cómo evolucionan y por qué algunas consiguen prosperar mientras otras desaparecen.

A veces ese proceso se desarrolla en el ámbito empresarial, otras en el cultural, pero en ambos casos hablamos de lo mismo: identificar aquello que es singular y transformarlo en un proyecto capaz de generar interés, compromiso y crecimiento.

Al final, tanto un inversor como un lector o un coleccionista buscan algo parecido: autenticidad, diferenciación y una historia capaz de sostenerse en el tiempo.

Imparte clases sobre psicocreatividad en la Universitat Autònoma de Barcelona. ¿Qué papel ocupa la docencia dentro de esa visión?

MH.

Las clases me permiten mantener un contacto permanente con nuevas generaciones de emprendedores y creadores.

Participo como profesor en el Máster de Psicocreatividad de la Universitat Autònoma de Barcelona, es un entorno especialmente interesante porque conecta creatividad, innovación y desarrollo de proyectos.

Es un espacio donde se observa algo fundamental: las ideas son abundantes, pero la capacidad de convertirlas en realidad es mucho más escasa.

Precisamente ahí es donde aparecen la estrategia, la estructura y la capacidad de ejecución.

También acaba de publicar A la caza del capital. ¿Qué le llevó a escribirlo?

MH.

La constatación de que existe una enorme distancia entre quienes tienen proyectos y quienes disponen de recursos para financiarlos.

Mucha gente cree que el problema es la falta de dinero.

Yo pienso exactamente lo contrario.

Nunca he conocido tanto exceso de liquidez disponible para proyectos innovadores como en la actualidad.

Existen fondos especializados, inversores privados, instituciones públicas con préstamos participativos, programas europeos y múltiples instrumentos financieros.

Lo difícil no es encontrar capital.

Lo difícil es construir proyectos capaces de atraerlo.

Ese es el eje central del libro.

Usted conoce bien ambos lados de la mesa, la del emprendedor y la del inversor.

MH.

Intento mantener una visión equilibrada.

Durante años he tenido la oportunidad de analizar proyectos desde distintas perspectivas: como emprendedor, como investigador, como profesor y también como inversor.

Eso permite comprender mejor qué elementos generan confianza y cuáles generan dudas.

Con frecuencia la diferencia entre un proyecto que avanza y otro que no lo hace no está en la calidad de la idea, sino en la claridad de su propuesta y en la capacidad de transmitirla.

Una de sus inversiones más recientes ha sido Bodegas Undersea. ¿Qué le llamó la atención?

MH.

Principalmente su singularidad.

Vivimos en un mundo donde cada vez es más difícil diferenciarse.

Bodegas Undersea propone algo extraordinariamente sencillo de explicar y extraordinariamente difícil de replicar: utilizar el mar como parte del proceso de envejecimiento del vino.

Pero lo verdaderamente interesante no es únicamente el componente técnico.

El proyecto reúne elementos que rara vez aparecen juntos: tradición vinícola, innovación, economía azul, territorio, sostenibilidad y experiencia.

Como inversor, uno busca precisamente esas combinaciones que crean barreras naturales frente a la competencia.

¿Qué enseñanza extrae de esa experiencia?

MH.

Que las oportunidades más interesantes suelen encontrarse en la intersección entre sectores.

Cuando diferentes disciplinas convergen, aparecen espacios de mercado completamente nuevos.

Bodegas Undersea no es solamente una bodega.

Es también una propuesta de experiencia, una historia, una marca y una forma diferente de entender el producto.

Esa capacidad de construir valor más allá del producto físico es lo que hace especialmente atractivos determinados proyectos.

Además de la actividad inversora de su family office, continúa impulsando iniciativas culturales como los libros de lujo.

MH.

Sí, y probablemente sea una de las facetas menos visibles de mi actividad.

Desde hace años participo en el desarrollo de proyectos culturales de libros de lujo orientados a mercados internacionales, iniciativas donde convergen patrimonio, historia, arte y exclusividad.

Actualmente estamos trabajando en nuevas propuestas que siguen esa misma filosofía.

La cultura suele percibirse como un ámbito alejado de la empresa, pero mi experiencia es justamente la contraria, precisamente en este sentido, los datos que publican estudios sobre los artículos culturales de lujo como: Bain & Company, Deloitte o Art Basel/UBS demuestran un sólido posicionamiento creciente del sector del lujo cultural.

Los proyectos culturales más sólidos comparten muchas características con las mejores empresas: visión a largo plazo, diferenciación, construcción de marca, capacidad para generar valor sostenible y unas relaciones institucionales enormes.

También participa en la evaluación de proyectos innovadores.

MH.

Sí. Soy investigador acreditado por el Ministerio de Cultura y he colaborado en el análisis de proyectos vinculados a la innovación y el emprendimiento a escala europea.

Esa experiencia resulta especialmente enriquecedora porque permite observar tendencias antes de que lleguen al mercado y comprender hacia dónde se dirige la innovación en distintos sectores.

Después de tantos años observando proyectos, ¿qué distingue a los que terminan teniendo éxito?

MH.

La capacidad de convertir una visión en una realidad comprensible para los demás.

Las grandes ideas son importantes, pero no lo suficiente.

Los proyectos que prosperan son aquellos capaces de generar confianza, transmitir propósito y demostrar que pueden ejecutarse.

La innovación atrae la atención.

La credibilidad atrae el capital.

Y la ejecución es lo que finalmente transforma una idea en una empresa, una inversión o una realidad cultural.