Economía

¿Quién pagará los excesos de gasto en tecnología y defensa?

· Por Miguel Córdoba, economista

Lunes 06 de julio de 2026

En el año 2008 estuvo a punto de estallar el sistema financiero mundial y, afortunadamente, la Reserva Federal (FED) norteamericana reaccionó rápido, y lo hizo muy bien, evitando el estallido; Europa lo hizo mucho peor, esperando hasta el año 2015 y teniendo luego al sistema europeo siete años con intereses negativos sin ningún éxito en el cumplimiento de sus objetivos. Como los mercados no suelen tener memoria histórica y los traders son cada vez más jóvenes para recordar lo que no han vivido, las burbujas se van hinchando sin que nadie piense en sus consecuencias.



Estamos en estos momentos ante una doble burbuja, la de la tecnología y la del gasto en defensa; la primera se debe a una valoración irracional del impacto de la denominada “inteligencia” artificial (IA), mientras que la segunda tiene su origen en una especie de recreación de la Guerra Fría del siglo pasado, entre una Rusia que echa de menos su pasado imperial (tanto zarista como comunista) y un Estados Unidos que ha decidido que todos los países dupliquen su gasto militar para que los amigos de Trump, que lideran las empresas que fabrican las armas, tengan unos beneficios estrambóticos.

Pero resulta que ni la tecnología ni los tanques, los aviones o los drones se comen. En lo que respecta a la tecnología, se ha creado una cadena en la que unas empresas adquieren tecnología a otras empresas, vendiendo su propia tecnología a otras entidades, de manera que se genera un bucle de adquisiciones de software y hardware a precios impensables que nutren la cuenta de resultados de estas empresas, creando la ilusión de que tienen muchos beneficios y que, por tanto, valen mucho.

Parece que nadie se da cuenta de que no se pueden pagar las inmensas cantidades que se están invirtiendo en centros de datos, material militar y demás. Todo ese gasto desaforado tiene finalmente que caer en los consumidores, al margen de que se queden por el camino muchos esqueletos de inversores codiciosos que no midieron el valor real de sus inversiones.

La pregunta es cómo podrán pagar este gastos los consumidores si muchos de ellos no tendrán siquiera empleo. El cambio del modelo social puede ser estratosférico, ya que los trabajadores por cuenta ajena van a disminuir y bastante en los próximos veinticinco años, debido al auge de la robótica y la inteligencia artificial. En paralelo, las expectativas de crecimiento apuntan a un incremento de la población en ese mismo periodo de entre 2.000 y 3.000 millones de personas.

Parece que nuestros próceres políticos no se dan cuenta de que una cosa es la economía productiva y otra la economía financiera, y un endeudamiento permanente lo único que hace es cebar la bomba de relojería. Si se gastan anualmente billones en tecnología y defensa, y partimos de una situación de déficit permanente en las administraciones públicas occidentales; ¿de dónde va a salir ese dinero? ¿se acabará dinamitando nuestro estado del bienestar?

Probablemente, la Economía Financiera triplica a la Economía Productiva. Hay una masa ingente de liquidez en fondos de inversión, fondos de pensiones, entidades financieras y carteras de inversión que necesitan activos en los que invertir, y ahí es donde entran especialmente los bonos soberanos y los bonos corporativos; pero este dinero no está produciendo nada, salvo pago de cupones que luego hay que refinanciar porque la deuda de los países y de las empresas no hace otra cosa que crecer, y más que lo va a hacer con las nuevas mega inversiones en tecnología y defensa. Lo dicho, una bomba de relojería.

El propio Mario Draghi ha pedido a la Unión Europea que se gaste anualmente 1,5 billones de euros adicionales en tecnología para poder estar a la altura de Estados Unidos. ¿Y por qué hay que estar a su altura? ¿Podemos permitírnoslo? Tenemos todavía pendientes de pago 8 billones de euros emitidos por el BCE para cubrir su política del Quantitative Easing de 2015 a 2022. La gestión financiera y fiscal no puede basarse en una política de emisión infinita de deuda. Y si se sigue por ese camino nos arrepentiremos.

No podemos aceptar que las grandes empresas tecnológicas americanas valgan en su conjunto más que todas las empresas europeas, máxime cuando, como he indicado, la tecnología no se come, es decir, puede servir de ayuda a la gestión de los sectores productivos básicos: alimentación, construcción, servicios, etc., pero en sí no produce bienes. Debería tender a abaratarlos, pero a los costes que se están planteando, los productores tradicionales no serán capaces de elaborar sus productos y servicios y venderlos a los consumidores finales a precios que estos puedan pagar.

En el caso de la industria de defensa, además, las armas que se producen no tienen ninguna utilidad intrínseca; son un simple medio disuasorio de cara a terceros beligerantes, y además se suelen quedar obsoletas cada pocos años. Ya hemos visto lo que ha ocurrido en los conflictos de Ucrania e Irán con los drones y misiles. ¿Alguien querría ahora invertir en construir tanques?

Siempre he dicho que hay que ver el bosque a vista de dron, no estar enredado en la maraña de arbustos y árboles. La visión cortoplacista puede poner en un brete al propio sistema capitalista, y es posible que esta vez no tengamos tanta suerte como ocurrió en el año 2008.

Las personas aceptan los billetes de veinte euros porque tienen confianza en el sistema, pero son sólo trozos de papel Si se quiebra la confianza, se acabaría por volver a las economías de trueque. Recordemos lo que pasaba en Europa en 1945; las monedas básicas eran los cigarrillos y los diamantes. Nadie daba valor a los billetes de banco.

El edificio capitalista tiene en estos momentos los pies de barro. Ya hay quien tiene serias dudas sobre los fondos de crédito privado, al igual que pasó en el año 2007 con las hipotecas subprime. Parece que no nos damos cuenta de que no se puede vivir del crédito, tanto las empresas como las administraciones públicas. ¿Qué partido político incluye en su programa electoral un plan de pagos para ir amortizando deuda? Todo lo contrario, dicen que van a reducir impuestos para que se les vote, a pesar de que se tiene un déficit público permanente.

Recordemos lo ocurrido en las elecciones de 2011 en España. En el programa electoral del Partido Popular se decía que se iban a reducir impuestos y en unos meses se habían incrementado como nunca (siete puntos en el marginal del IRPF y tres puntos en el IVA, amén de incrementar los conceptos de bases imponibles). Pero, además, se incrementó el gasto público notoriamente, desde el último presupuesto socialista hasta los presupuestos populares.

Por tanto, y volviendo a lo que nos interesa, estamos muy endeudados, se nos está exigiendo que incrementemos notoriamente el gasto en defensa, se están creando programas para incorporar la inteligencia artificial en todos los ámbitos empresariales y sociales, se están despidiendo cantidades masivas de empleados que serán sustituidos por robots, tenemos un permanente déficit público… y queremos gastar mucho más.

Lo del milagro de los panes y los peces, al margen de las creencias individuales de cada uno, no es más que una alegoría que no se va a producir en este caso. La burbuja tecnológica y armamentística va a dejar en pañales a la que se produjo hace dieciocho años o a la crisis de las punto.com. Parece que no nos damos cuenta de lo frágil que es nuestro sistema y que no podemos continuar exprimiendo las ubres de la vaca, porque ya están secas.

En fin, puede que ya tenga demasiados años o que haya visto demasiadas crisis, pero les aseguro que no había visto antes una burbuja de este volumen que puede provocar un tsunami que arrastre a las entidades financieras, las de capital riesgo, los fondos de inversión y pensiones o los grandes trusts y family offices al desastre, con la consiguiente pérdida de patrimonio de los miles de millones de personas que tienen su ahorro invertido en estas entidades.

Espero equivocarme, pero por si acaso voy a consultar como están los precios del oro y los diamantes (los cigarrillos ya no sirven)… sólo por si acaso.