Análisis y Opinión

Cinco años para no quedarse fuera

ANÁLISIS DE ADIGITAL

Por Susana Voces, presidenta de Adigital

Redacción | Martes 07 de julio de 2026

Hay documentos que no se limitan a describir el presente. Europe 2031 es uno de ellos: plantea qué puede hacer Europa para decidir su propio futuro digital. Lo firma Michiel Bakker, investigador de inteligencia artificial con afiliaciones en el MIT y Google DeepMind, junto a un equipo de académicos y analistas europeos. No es un informe más sobre inteligencia artificial. Es un escenario. Un relato sobre cómo Europa podría llegar a 2031 sin capacidad de decidir su propio futuro: sin la infraestructura tecnológica para competir, sin la voz institucional para negociar, sin la cohesión interna para actuar. El documento se llama Europe 2031. Su diagnóstico no necesita adornos: Europa controla el 5% del cómputo mundial de IA mientras Estados Unidos controla el 80%. Y actúa, dice el informe, con instrumentos que son diez veces más pequeños que el problema.



Lo inquietante no es el escenario en sí. Es que el patrón que describe no es nuevo para quienes llevamos años en la economía digital. Lo hemos visto antes, a escala sectorial, en el comercio electrónico.

Durante mucho tiempo, el comercio digital en España creció sin estructura. Creció porque los consumidores adoptaron el canal antes de que las empresas lo organizaran. Creció porque las plataformas globales ofrecían infraestructura lista para usar. Creció, en definitiva, a pesar de la ausencia de una voz sectorial propia.

El resultado es un mercado de primera magnitud que no se ve a sí mismo como tal. Según los datos de la Comisión Nacional de Mercados y la Competencia, el comercio electrónico alcanzó en 2024 más de 95.000 millones, con un crecimiento del 13,1% respecto al año anterior. Son cifras de una economía digital madura. Y sin embargo, durante demasiado tiempo, el sector ha operado sin una representación institucional a la altura de ese peso.


Lo que revelan los datos de posición europea es aún más llamativo. Según el European E-commerce Report 2025, elaborado por Ecommerce Europe y EuroCommerce en colaboración con Adigital, España ocupa por primera vez el tercer puesto en el ranking europeo por volumen, superando a Alemania. Crecemos al 13% anual frente al 7% de media europea. Somos, en términos de dinamismo, el mercado más relevante del continente en este momento. Pero relevancia sin organización no se convierte en influencia, y durante demasiado tiempo el comercio electrónico español no ha tenido una estructura sectorial propia capaz de representarlo donde se toman las decisiones. Eso acaba de cambiar.

Adigital acaba de dar respuesta a eso con el lanzamiento de esCommerce, la Asociación Española de Comercio Electrónico. No es una creación desde cero: es la evolución de 25 años de trayectoria institucional, con Confianza Online como estándar de referencia en toda Europa y representación estable ante las instituciones de la Unión Europea a través de Ecommerce Europe. Lo que cambia ahora es la capacidad de incidencia: en Madrid, en Bruselas, en los debates sobre inteligencia artificial y sobre las condiciones en las que las plataformas globales operan en nuestros mercados.

Europe 2031 usa un concepto que merece atención: el de palanca. No autosuficiencia, no soberanía declarativa. Palanca. La diferencia entre tener un activo y saber convertirlo en capacidad de negociación, en influencia regulatoria, en presencia en las conversaciones donde se decide el futuro. El reto es convertirlos en palancas. Y ese reto tiene una ventana de oportunidad concreta: los próximos cinco años.

España tiene ese activo en comercio electrónico. Según los Indicadores de Comercio Electrónico de Red.es y ONTSI en su edición 2025, el 32,2% de las empresas españolas vende ya por internet, muy por encima de la media de la Unión Europea, situada en el 23,8%. Y el 93,5% de quienes compran online considera seguro el proceso, la cifra más alta de la última década.

Pero tener ese activo no es suficiente si el entorno en el que operas te penaliza. Los informes Draghi y Letta lo diagnosticaron con claridad: el Mercado Único Europeo sigue incompleto. Las empresas europeas se enfrentan a 27 ordenamientos jurídicos nacionales distintos, con costes de cumplimiento que las grandes plataformas globales absorben sin dificultad pero que para una pyme digital pueden ser la diferencia entre escalar o quedarse en el mercado local. La carga regulatoria no es neutra: favorece a quien ya tiene escala y penaliza a quien intenta construirla. La Comisión Europea ha reconocido el problema y a través de los paquetes ómnibus pretende reducir en un 25% las obligaciones de información de las empresas, y en un 35% en el caso de las pymes. Las decisiones que se toman en este ciclo legislativo van a definir las condiciones del comercio digital durante la próxima década. Esas decisiones necesitan una voz sectorial en la mesa. Y esa voz, hasta ahora, no existía.

Eso es palanca. Pero solo si se organiza.

Entre las recomendaciones de Europe 2031 destacan dos que comparten una misma lógica: construir masa crítica en las infraestructuras del futuro y formar coaliciones de países con posiciones reales en la cadena de valor. La que no se organiza, no negocia.

El comercio electrónico español tiene estructura, tiene datos. Tiene una trayectoria de crecimiento que pocos sectores pueden igualar. Lo que necesita es exactamente lo que Europe 2031 pide para Europa: una estructura capaz de convertir esa posición en voz. Y la urgencia que eso implica.

Porque cinco años, como sabe bien cualquier empresa digital, es a la vez mucho tiempo y ninguno.