Economía

La identidad digital de las empresas se abre paso en el sistema financiero

· La digitalización de la economía ha transformado la forma de contratar, invertir y cerrar operaciones entre empresas

Redacción | Martes 28 de julio de 2026

Sin embargo, también ha creado un desafío importante: comprobar con rapidez quién está realmente detrás de cada transacción. En este contexto, el Registro LEI se ha convertido en una herramienta relevante para identificar a las entidades jurídicas que participan en los mercados financieros, reducir errores administrativos y aportar mayor transparencia a unas relaciones comerciales cada vez más internacionales.



Un identificador único para cada entidad

El Legal Entity Identifier, conocido por sus siglas LEI, es un código alfanumérico único de 20 caracteres. Está basado en el estándar internacional ISO 17442 y se vincula con información básica sobre la entidad a la que identifica, como su denominación legal, domicilio registrado y estructura corporativa.

Su funcionamiento puede compararse con el de un documento de identidad empresarial válido a escala internacional. Mientras que los registros mercantiles y números fiscales dependen de cada jurisdicción, el LEI ofrece una referencia común que puede ser consultada por bancos, inversores, autoridades y otras compañías.

La información se integra en el Índice Global de LEI, una base de datos pública administrada por la Global Legal Entity Identifier Foundation, conocida como GLEIF. El sistema permite comprobar quién es quién y, cuando se dispone de la información correspondiente, conocer las relaciones existentes entre matrices y filiales.

Transparencia frente a operaciones más complejas

La necesidad de una identificación corporativa común aumentó después de la crisis financiera de 2008. Reguladores y participantes del mercado detectaron que resultaba difícil determinar con precisión qué entidades intervenían en determinadas operaciones y cómo estaban conectadas entre sí.

El LEI ayuda a normalizar esa información y facilita el seguimiento de las partes involucradas en una transacción. También reduce problemas derivados de nombres comerciales similares, diferencias idiomáticas o cambios en la denominación social de una empresa.

En la Unión Europea, su uso tiene especial importancia dentro de la normativa de los mercados de instrumentos financieros. Las empresas de inversión deben identificar mediante un LEI a los clientes que sean personas jurídicas cuando realizan operaciones sujetas a los requisitos de comunicación de MiFID II y MiFIR. Esta aplicación dio lugar al principio conocido como “sin LEI no hay operación” para determinadas transacciones.

Una herramienta que va más allá del cumplimiento

Aunque suele asociarse a una obligación regulatoria, el LEI también puede ofrecer ventajas operativas. Utilizar un identificador reconocido internacionalmente simplifica la incorporación de clientes corporativos, mejora la calidad de las bases de datos y facilita la conciliación de información procedente de distintas fuentes.

Esto resulta especialmente útil para las empresas que trabajan con entidades bancarias, participan en mercados de capitales, emiten valores o realizan operaciones financieras en varios países. Una identificación homogénea puede reducir comprobaciones manuales y evitar duplicidades en los sistemas internos.

La adopción internacional continúa creciendo. Al cierre del primer trimestre de 2026, la población de códigos LEI activos había superado los tres millones, según los datos publicados por GLEIF. La expansión refleja el interés de reguladores y compañías por disponer de información corporativa abierta, estandarizada y verificable.

La identidad corporativa entra en una nueva etapa

A medida que los procesos empresariales se trasladan a entornos digitales, verificar la identidad de una organización será tan importante como identificar a una persona. Los pagos internacionales, la contratación electrónica y la automatización de controles exigen datos fiables que puedan intercambiarse sin depender de formatos locales.

El LEI no sustituye a los registros oficiales ni a los controles de diligencia debida, pero aporta una capa común de identificación. Su crecimiento muestra que la identidad digital empresarial está dejando de ser un elemento técnico para convertirse en una pieza estratégica de la infraestructura financiera global.