Luis Sánchez de Movellán.
OPINIÓN DEL DÍA
Luis Sánchez de Movellán | Martes 21 de octubre de 2014
"Los políticos por no cultivar los valores caen en la dictadura de la corrupción, que es el peor de los antisistemas. Por la falta de valores, por la conducta anaxiológica de los políticos se hace peligrar la propia democracia. Si un gobierno se deja conducir por la mafia de la corrupción y no lucha contra esa plaga social, todo su gobierno estará dominado por la corrupción"
La “clase” política cae fácilmente en las garras de la corrupción debido a una multitud de factores, especialmente por no conocer (más bien olvidar), rehabilitar y cultivar determinados valores como la justicia, la verdad, la prudencia, el decoro o la libertad. Los valores son un conjunto de elementos de vida que están íntimamente ligados a nuestra vida interna, están en nosotros desde el momento que tenemos vida y van siendo reconocidos progresivamente por nosotros mismos. Debemos conocerlos y re-conocerlos, rehabilitarlos y cultivarlos para ser más personas cada día.
Los políticos por no cultivar los valores caen en la dictadura de la corrupción, que es el peor de los antisistemas. Por la falta de valores, por la conducta anaxiológica de los políticos se hace peligrar la propia democracia. Si un gobierno se deja conducir por la mafia de la corrupción y no lucha contra esa plaga social, todo su gobierno estará dominado por la corrupción.
La sociedad civil debe profundizar en la lucha contra la corrupción para desterrar tan maléfica lacra que amenaza seriamente a nuestro sistema democrático, a nuestra patria. Cuando los políticos desarrollan su actividad deben tener en cuenta siempre la moralidad de sus acciones, pues la falta de ella deviene en otro modo de corrupción como es la de tener una concepción errónea de la dignidad humana.
Cualquier plan de gobierno que no contenga un sustrato de moralidad, que no esté perfumado de axiología decaerá con toda probabilidad en una dictadura de la corrupción. La falta de conocimiento de los valores ha hecho que los políticos hagan un estudio superficial de las cuestiones materiales externas, desperdiciando lo más valioso que está en la parte interna de la vida de los hombres, en la interioridad de los ciudadanos en cuanto personas.
Si los políticos no cultivan los valores en su propia vida y en sus acciones de gobierno, posiblemente caerán en la más atroz de las corrupciones llegando incluso a considerarlo de lo más normal. Por ello, las penas para los corruptos y los corruptores deberían de ser el doble que las normales. A más corrupción, más degradación. A más corrupción, más desempleo y más crisis financiera.
La corrupción política está haciendo mucho daño a la democracia y a España, pudiendo llevar a la nación a una situación que la podríamos denominar como de pandemia de la corrupción. Para que no se siga infectando el país con esta plaga, hay que hacer un llamamiento a la sociedad civil y a los medios de comunicación libres, que denuncian con valentía esta pandemia, para que sigan investigando y denunciando la corrupción. Recordemos que el problema más grave de los gobiernos es el avance imparable de la corrupción. Por ello, el actual gobierno de la nación española tiene el deber de luchar en todos los frentes contra esta gangrena corrumpente, utilizando para ello el arma axiológica más poderosa que hay: la verdad, la justicia y la libertad.
Luis Sánchez deMovellán es Doctor en Derecho y Director de la Vniversitas Senioribvs CEU