Por primera vez en los últimos 50 años, el pasado mes de marzo la balanza comercial española ha presentado un superávit de 635 millones de euros, es decir, las exportaciones han superado a las importaciones. Por sí sola, se trata de una buena noticia, por supuesto, ya que el déficit comercial es uno de los desequilibrios más importantes que ha tenido la economía española en las últimas décadas.
Sin embargo, el superávit se ha logrado gracias a dos factores: 1) un discreto pero meritorio aumento del 2% en los exportaciones en el último año, gracias al empuje de algunas empresas que han apostado acertadamente por los mercados exteriores, 2) una caída del 15% en las importaciones, que desgraciadamente demuestra que la demanda interna está muy deprimida. También hay que remarcar que las exportaciones hacia la zona euro cada vez tienen más dificultades para crecer, debido al estancamiento económico del Viejo Continente, todo lo contrario de lo que sucede con las exportaciones hacia países de fuera de la UE, que son las más dinámicas en estos momentos.
Por otra parte, es previsible que el día en que se reactive la demanda interna, las importaciones vuelvan a crecer: es entonces cuando podremos valorar de verdad si la llamada "devaluación interna" que estamos experimentando ha sido eficaz y duradera en el tiempo.
En cuanto a los indicadores macro, en Estados Unidos seguimos teniendo datos moderadamente buenos, como las ventas minoristas de abril, que crecieron un +0,1%, mejor de lo esperado, o la confianza del consumidor de la Universidad de Michigan de mayo, que mejoraba 6 puntos respecto al último registro. No obstante, hemos conocido preocupantes datos en el sector industrial, como un retroceso del -0,5% en la producción industrial de abril o una caída fuerte en los indicadores anticipados Philadelphia Fed y encuesta manufacturera de Nueva York de mayo: probablemente sean datos puntuales , pero habrá que hacer un seguimiento porque si se consolidan pondrían en peligro la débil recuperación americana.
En Europa, ninguna señal positiva. El PIB del 1er trimestre en la zona euro cayó un -1% interanual, mientras que un indicador anticipado tan importante para Alemania como es la encuesta ZEW de mayo, ha sufrido una nueva caída y aumenta el peligro de recesión más allá del Rin: de hecho, el PIB del 1er trimestre en Alemania tan sólo aumentó un +0,1% (intertrimestral), por debajo de las expectativas de los analistas, y flirteando ya con la recesión.
En cuanto a los mercados bursátiles, el Ibex 35 ha tenido un intento de caída, hasta los 8.366 puntos pero ha conseguido cerrar la semana en los 8.582 puntos, ligeramente por encima del anterior cierre semanal. El Eurostoxx 50 ha consolidado la rotura alcista de la resistencia de los 2.750 puntos y ha cerrado la semana en los 2.817 puntos, mientras que el S&P 500 también nos vuelve a ofrecer una semana positiva, consolidando la rotura al alza de su techo histórico y cerrando en los 1.666 puntos.
A pesar de la rotura alcista de los mercados de referencia, el Ibex 35 sigue sin romper al alza los 8.800 puntos, por lo que no hemos adoptado un sesgo alcista. De hecho, de cara a la semana que viene, continuaremos en posición neutral y mantendremos la misma condición para adoptar una visión alcista de corto plazo (tener 2 cierres diarios consecutivos por encima de los 8.800 puntos del Ibex 35).