José María Aznar pervive aún en el imaginario de muchas personas como un líder resolutivo.
Que Mariano Rajoy no está dando la talla, ya lo sabemos muchos españoles. Que frente a la realidad fenomenológica patria está quedando como Cagancho en Almagro o como Rufete en Lorca, es una evidencia. Que la última entrevista televisiva al Presidente Aznar le ha dejado in puris naturalibus, es una realidad. Y, frente a todo ello, la gran mayoría de españoles no alcanzan a dar crédito a lo que cada día nos sirve esta casta de politicastros que nos gobiernan o, mejor dicho, que simulan gobernar.
El partido gubernamental en una deriva pragmática, que no ideológica, que se ha embarcado en una serie de renuncios en sus relaciones con las Comunidades Autónomas; en la promulgación de algunas leyes o en la aplicación de principios básicos que parecían formar parte de su propuesta electoral; en el tratamiento a la banda terrorista ETA o a sus presos y en el abandono de las víctimas del terrorismo; en la forma de enfrentarse al creciente auge de los partidos separatistas y al nacionalismo disgregador; en la manera de tratar al terrorismo callejero; en la forma de gestionar la sangría financiera de las cajas de ahorro y algunos bancos; en aplicar una política financiera coherente e igualitaria para todo el territorio nacional, evitando asimetrías y tratos de favor para determinadas CC. AA. manirrotas; o en subir desaforadamente la presión fiscal hasta convertirla en claramente confiscatoria.
Cuando el PP tomó el poder, se mostró dispuesto a poner firmes a todas las autonomías, incluidas la vasca y la catalana. Pero nos hemos encontrado ante la demostración palmaria de que el Gobierno ha arriado velas y se muestra lánguido, tolerante, melifluo y complaciente ante los enemigos de España. Los separatismos, especialmente el catalán, ante el “centropragmatismo” gubernamental, se muestran prepotentes, belicosos y amenazantes exigiendo no sólo que se les dé más financiación sino también que se les transfiera la recaudación de todos los impuestos y que se reconozca una Hacienda propia.
Los separatistas anuncian a bombo y platillo que no renuncian a independizarse de España, no cejan en sus insultos al resto de los ciudadanos españoles y se muestran crecidos y sobrados para llevar a buen puerto sus fines sediciosos aunque para ello se tengan que pasar por el forro la Constitución, las sentencias de los tribunales y la legislación emanada del Gobierno y de las Cortes Generales. Y como muestra un botón: ya han dicho que van a realizar una “cruzada” contra la ley Wert. El gobierno de la Generalidad se mofa de ella y el PSC dice que es un “golpe de Estado”.
Ahora bien, ¿qué entienden estos socialistas, reconvertidos en separatistas, acerca de lo que es un golpe de Estado? ¿Cómo calificarían la sistemática insumisión a las leyes, el incumplimiento de las sentencias judiciales y la inobservancia de la Constitución de 1978 en lo tocante al uso del español en Cataluña? Lo que está sucediendo es muy simple: una extorsión mafiosa en toda la regla del nacionalismo catalán al resto de España. Piden, exigen, lloriquean, reclaman y se quejan de que “Espanya ens roba”, cuando llevan lustros chupando del bote, recibiendo la mayor financiación del resto de las Comunidades, especialmente de Madrid, y no han cumplido para nada su objetivo de déficit público.
Toda esta serie de despropósitos del marianismo centrista está produciendo un efecto demoledor sobre el propio PP, que está empezando a resquebrajarse y ya son varios los “barones” que se han “sublevado” por el trato especial para con las CC. AA. que no han cumplido con el déficit que se les impuso. Y no digamos de los movimientos subterráneos en las filas populares que amenazan claramente con llevarse por delante a todos los apparatchiks. Y, todo ello, sin contar con los escándalos de la trama Gürtel, los variados “movimientos orquestales en la oscuridad” del Sr. Bárcenas o la sugerente y diversa panoplia de corrupciones que salpica al centrismo genovés.
Estamos ante esa “España de charanga y pandereta, cerrado y sacristía, devota de Frascuelo y de María, de espíritu burlón y de alma inquieta…”, que cantara nuestro Antonio Machado en “El mañana efímero”. Estamos ante una España en la que las calles se han convertido en “territorio comanche” con postmilicianos ensayando una ultramoderna toma del Palacio… ¿de Invierno? ¿de las Cortes? o con neobolcheviques acosando a los políticos por doquier; o en la que en Andalucía ya se está ensayando un “chavismo” bolivariano (¿o será “blasinfantiano”?) Ya lo dijo Alfonso Guerra cuando ganaron los socialistas las elecciones de 1982: “Vamos a poner a España que no la va a conocer ni la madre que la parió”. Un deseo, hecho hoy realidad.
- Luis Sánchez de Movellán es Doctor en Derecho y Director de la Vniversitas CEU Senioribvs