Luis Sánchez de Movellán es Doctor en Derecho y Director de la Vniversitas CEU Senioribvs.
LA OPINIÓN DEL DÍA
Luis Sánchez de Movellán | Martes 21 de octubre de 2014
Las élites políticas y cultural-mediáticas siguen empeñadas en evitar la cuestión demográfica con irresponsabilidad suicida. Mencionar el colapso demográfico es “políticamente incorrecto”, ineducado y “alarmista”. Proponer políticas natalistas parece todavía, en muchos países como España, algo reaccionario y fascistoide. El problema gravísimo del envejecimiento creciente y la natalidad decreciente es, como escribiera el escritor Martin Amis, “para el ethos del relativismo un problema tan saturado de implicaciones (morales y políticas) repulsivas, que se ha prohibido el debate sobre ello”.
Un fantasma recorre Europa: el del “invierno demográfico”. Muchos países europeos van a estar al borde de la insostenibilidad socio-económica. La modificación de la estructura de edades de muchas sociedades europeas va a ser dramática, planteando desafíos inabordables. El índice más expresivo al respecto es la “old age dependency ratio” (OADR): el porcentaje de jubilados (más de 65 años) en relación a la población activa (de 20 a 64 años) Según los datos de la ONU, en España la OADR pasará desde un 26% en la actualidad a un 68% en 2050, lo que significará que habrá dos jubilados por cada tres activos. En Portugal, la OADR pasará desde el 29% (2010) al 71% (2055) En Italia, desde el 33% (2010) al 67% (2050).
La Historia no conoce ningún precedente de sociedades tan envejecidas, con pirámides de población absoluta y antinaturalmente invertidas en las que los ancianos superan en número a los jóvenes. Ante ello, surgen los interrogantes inquietantes: en casi toda Europa, las pensiones de jubilación se basan en un sistema fraudulento de “reparto”, por el que la generación joven paga las pensiones de la generación jubilada. Pero este sistema “piramidal” sólo es posible mientras el número de jóvenes exceda razonablemente al de viejos ¿Y el gasto sanitario por el cual le cuesta al Estado mantener a un anciano once veces más que educar a un niño hasta los 18 años? ¿Pagará alguien todo esto o la eutanasia la aplicarán los Estados sin contemplaciones?.
El europeo medio prefiere adoptar la técnica del avestruz y no plantearse estas cuestiones. Si alguna vez rozan su conciencia, se encomiendan devotamente al crecimiento económico y al progreso tecnológico. Pero se trata de una suposición mágica y poco razonable, ya que no existe crecimiento económico sin crecimiento de la población. Más gente significa más personas que pueden trabajar y crear riqueza, y una mayor demanda de bienes de consumo y duraderos. Cuando la población envejece, disminuyen el consumo (salvo el de servicios sanitarios) y la inversión. Las sociedades seniles están condenadas al declive en todos los aspectos: también en el económico y científico-tecnológico.
Europa se va a ver con toda probabilidad arrastrada a una espiral terroríficamente nefasta, en la que el deterioro económico y el demográfico se retroalimentarán. El creciente gasto en sanidad y pensiones impedirá el crecimiento económico y, al mismo tiempo, el sombrío horizonte económico disuadirá a las parejas jóvenes de tener hijos. La recesión actual puede ser simplemente el comienzo de una larga agonía.
Las élites políticas y cultural-mediáticas siguen empeñadas en evitar la cuestión demográfica con irresponsabilidad suicida. Mencionar el colapso demográfico es “políticamente incorrecto”, ineducado y “alarmista”. Proponer políticas natalistas parece todavía, en muchos países como España, algo reaccionario y fascistoide. El problema gravísimo del envejecimiento creciente y la natalidad decreciente es, como escribiera el escritor Martin Amis, “para el ethos del relativismo un problema tan saturado de implicaciones (morales y políticas) repulsivas, que se ha prohibido el debate sobre ello”.
Mucha gente sigue instalada en el imaginario ideologizadamente “AlGoriano”, en el que la gran amenaza es la superpoblación, el agotamiento de recursos naturales y el “calentamiento global”. La ecoideología sigue provocando terrores irracionales en Europa como los que acarreaba la idea del fin del mundo en la Edad Media.
LUIS SÁNCHEZ DE MOVELLÁN DE LA RIVA es Doctor en Derecho y Director de la Vniversitas CEU Senioribvs