Análisis y Opinión

El mito romántico de la Diada

Luis Sánchez de Movellán

LA DUDA INCORRECTA

Por Luis Sánchez de Movellán

Luis Sánchez de Movellán | Martes 21 de octubre de 2014
Ante la evidencia de que Carlos II el Hechizado no iba a tener descendencia, se comenzó a gestar la idea de un reparto de la Monarquía hispánica. A pesar de los dos matrimonios del monarca, el primero con Mª Luisa de Orleáns y el segundo con Mariana de Neoburgo, el último de los Austrias no tuvo vástagos con ninguna de sus dos mujeres y propició una campaña de posibles pretendientes y el interés europeo por el trono de España. Los sucesivos testamentos sucesorios de Carlos II no dejaron satisfechas a las grandes potencias europeas, provocando una guerra, la Guerra de Sucesión, que daría paso a una nueva dinastía en la Monarquía española, la de los Borbones. En ella se enfrentaron, por una parte, Felipe de Anjou y su abuelo, Luis XIV, y,por la otra, la llamada Gran Alianza, integrada por el Emperador Leopoldo de Austria, Inglaterra, Holanda, Dinamarca, el elector Federico de Brandenburgo, Portugal y Saboya.




Trece años duró el conflicto en el que cabe señalar tres etapas: la primera de incertidumbre, hasta 1704; la segunda, de 1704 a 1710, marcada por graves reveses franceses; y la tercera hasta 1713-1714, que mostró la recuperación francesa. Después de toda una serie de contingencias, reveses y sucesos que hicieron que las naciones beligerantes estuvieran hartas de una guerra sin mucho sentido, comenzaron las negociaciones de paz que culminaron en la llamada Paz de Utrecht (1713), en la que Felipe V era reconocido por Austria e Inglaterra como legítimo rey de España, aunque Mallorca y Cataluña siguieron luchando hasta su capitulación el 13 de septiembre de 1714.

La Guerra de Sucesión nunca tuvo cariz nacionalista ni catalanista, sino simplemente sucesorio y antifrancés. Los separatistas han construido todo un mito ajeno a la verdad histórica, ya que la lucha fue entre partidarios del pretendiente borbónico, Felipe de Anjou, y pretendientes austracistas, defensores de Carlos de Austria. Fue una guerra civil española del siglo XVIII en la que combatieron dos bandos de un mismo territorio. Ciudades pertenecientes al antiguo reino de Aragón, como Castellón, Alicante, el valle de Arán, el interior de Barcelona y Valencia, Calatayud o Tarazona, fueron partidarias de Felipe V. Y lugares como Madrid, Alcalá, Toledo o la propia ciudad de Barcelona se declararon fieles al Archiduque Carlos de Austria.

Las fuerzas que integraban el ejército borbónico estaban formadas por soldados procedentes de varias regiones españolas (también catalanes) y de diversos países europeos. En cuanto al bando supuestamente catalán (en realidad austracista), los soldados que se enfrentaron a Felipe V, eran en su mayoría germánicos. Derrotados el 11 de septiembre de 1714, bajo el mando de un militar gallego, el General Antonio de Villarroel, solamente recordar la arenga de éste a las fuerzas bajo sus órdenes cuando proclamó que estaban luchando “por nosotros y por toda la nación española”.

En lo relativo a la figura de Rafael de Casanova, solamente decir que nunca fue un “mártir” de la causa catalanista. Fue un abogado que en 1706 resulta elegido Conseller tercero del municipio barcelonés y se entrega con ardor a la causa del Archiduque Carlos de Austria. Terminado su período trienal de Conseller siguió en el ejercicio de la abogacía y fue convocado en 1713, como “ciudadano honrado”, a la reunión que debía decidir sobre la aceptación del armisticio (Paz de Utrecht) o la prosecución de la resistencia.

Durante la sedición barcelonesa contra Felipe V (1713-1714), Rafael de Casanova fue miembro de la llamada Junta Secreta, destinada a fiscalizar la actuación de los mandos militares de la resistencia y en la elección de 30 de noviembre de 1713 resultó elegido Conseller en Cap. Y, como tal, decretó el 29 de julio de 1714 la movilización general de todos los varones mayores de 14 años. En la famosa fecha del 11 de septiembre de 1714, salió portando la bandera de Santa Eulalia, Patrona de la ciudad, acompañado de una serie de Consellers y prohombres barceloneses, a animar con su presencia a los combatientes del Portal Nou, siendo herido leve, de un tiro en la pierna, hacia las 8,30 de la mañana. Fue llevado al Colegio de la Merced, habilitado como Hospital y se le pierde la pista, aunque, al parecer, se refugió en la finca de su suegro en San Baudilio de Llobregat. En 1719, volvió a Barcelona donde siguió ejerciendo de abogado hasta 1737 en que se retira definitivamente a San Baudilio, población en la que muere naturalmente en 1743, con ochenta y tres años.

A finales del siglo XIX, comienza a aparecer la construcción romántica del mito catalanista y se empieza a tergiversar la historia. Se conforma una historiografía nacionalista catalana, de cuño romántico y sentimental, que hasta el día de hoy vive con finalidades que no son siempre históricas, sino simplemente de coartada política. La historiografía catalanista al incidir en el hecho diferencial se olvida de lo genérico. La diferencia que es una especificidad siempre supone la identidad del género y nunca se puede olvidar el género para cebarse solamente en lo diferencial.

El pecado original del romanticismo catalanista es construir una realidad diferencial encubriendo lo genérico, lo hispánico. Ello les ha llevado sin remisión a deformar los hechos (como si los hubieran pasado esperpénticamente por los valleinclanianos espejos del Callejón del Gato) y tergiversar la realidad histórica. Nunca se podrá entender Cataluña sin España, ni la nación española sin la realidad incontestable de las tierras catalanas.
  • Luis Sánchez de Movellán es Doctor en Derecho y Director de la Vniversitas CEU Senioribvs