Análisis y Opinión

El sindicalismo "pijoflauta"

LA DUDA INCORRECTA

Luis Sánchez de Movellán | Martes 21 de octubre de 2014
"Comienza la era de los sindicalistas “pijoflautas”, meros agitadores y simples depredadores cada vez más codiciosos tanto de fondos públicos como privados. Ya no dependen de los partidos, sino que son agentes de una Tangentópolis creciente que devora anualmente más de 8.000 millones de euros expoliados al Estado".

Los actuales sindicalistas en España son de traca. Se han convertido en una partida de pícaros arrebatacapas que solamente se representan a sí mismos, esquilman sin piedad las arcas públicas –las cuales se nutren, por cierto, de los impuestos de todos los españolitos- y viven como los rajás de Jachipur y Ghipandhi juntos. El cuento de Alí Babá y los 40 ladrones parece como una historia candorosa de almas caritativas al lado de las miles de historietas que se podrían contar sobre jefecillos, liberados y demás ralea sindicalera.

La historia del sindicalismo en nuestra patria tiene solamente sobre un siglo largo. Nace del anarquismo en Andalucía, Cataluña y Aragón fundamentalmente, con la creación de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) en 1910, aunque el origen más lejano esté en la fundación de la Federación Regional Española, en 1870. Mucho más tarde, en 1888, nace la socialista Unión General de Trabajadores (UGT) Antes del estallido de la Guerra Civil del 36, la CNT anarquista tenía más de un millón de afiliados, mientras que la UGT no llegaba ni de lejos a la afiliación anarco-sindicalista.

Todo el período de la era de Franco fueron una especie de “vacaciones” para los socialistas. La oposición la mantuvo el PCE y a partir de los años 60, Marcelino Camacho Abad, el comunista de la Perkins, un militante coherente, honrado y valiente, copió una idea nacional-sindicalista que propugnaba la creación de comisiones obreras. Y así, nacen en 1957 las CCOO en la asturiana mina de La Camocha, de las manos del falangista Gerardo Tenreiro, del comunista Casimiro Bayón, del católico Francisco el “Quicu”, del minero sin adscripción ideológica Pedro Galache y de otro minero socialista anónimo.

A través de estas Comisiones Obreras, los comunistas se van a infiltrar en los sindicatos verticales franquistas y llegan a tener un papel preponderante. A través de una ínfima representación del 10%, ejercen una exclusividad en la negociación de los convenios colectivos -un sistema copiado, por cierto, del corporativismo fascista italiano- que les da una representación y una importancia social que no les corresponde.

Con la implantación en 1975 de un sistema partitocrático, ontológicamente corrupto y despilfarrador, que se repartirá la patria como si fuera un cortijo entre PP, PSOE y separatistas de toda laya, reaparece una UGT, inexperta, poco preparada y menos fogueada, frente a unas CCOO curtidas en la lucha antifranquista, con gente experimentada y formada en los sindicatos verticales. Marcelino Camacho va a mantener una cierta independencia frente al PCE carrillista, pero el astuto y estalinista Secretario General intriga, haciendo caer mediante “maniobras” del aparato “pecero” al sindicalista soriano del metal.

El socialismo hispano “resucita” a la UGT y la convierte en una simple correa de transmisión del PSOE. A partir de finales de los 80 del siglo XX, los líderes genuinamente obreros del sindicalismo español, Marcelino Camacho Abad (el de la Perkins) y Nicolás Redondo Urbieta (el de La Naval de Sestao) fueron desapareciendo de la escena sindical y política para ser sustituidos por flojos burócratas intrigantes que nunca han trabajado y que no se les ha conocido lucha antifranquista alguna.

Comienza la era de los sindicalistas “pijoflautas”, meros agitadores y simples depredadores cada vez más codiciosos tanto de fondos públicos como privados. Ya no dependen de los partidos, sino que son agentes de una Tangentópolis creciente que devora anualmente más de 8.000 millones de euros expoliados al Estado, las autonosuyas, los trabajadores y el “latichollo” de la exención impositiva.

Entre los más de siete millones de euros como subvención estatal directa, lo que reciben -que es casi incuantificable y, por supuesto, secreto- por las federaciones de cada comunidad autónoma que a su vez se dividen en once secciones por actividad (17 CCAA por 11 Secciones sindicales/actividad= 187 organizaciones subvencionadas), lo que “recaudan” por todo tipo de actividades estrafalarias [(des)memoria histórica, solidaridad multicultural, ideología de género…], la gestión exclusivista de los cursos de formación para parados (3.000 millones en 2011), el 8% como media de la indemnización de los trabajadores en la gestión de los ERE´s y los diversos “regalitos” porque sí que les “atizan” los líderes socialistas autonómicos, tenemos que los sindicalistas “pijoflautas” son una nueva casta parasitaria de socialburócratas subvencionados cuyo único fin es saquear las arcas del Estado, empobrecer España y colocar sus botines a buen recaudo, a ser posible en un algún lejano y rentable paraíso fiscal.

(*) Luis Sánchez de Movellan es Director de la Vniversitas CEU Senioribvs