"Las mediáticas violencias de los actuales mineros del carbón no dejan de ser cabreos y machadas con pirotecnia variada si los comparamos con la ferocidad que emplearon sus abuelos en Octubre del 34".
Los violentos incidentes de las cuencas mineras asturianas, leonesas y palentinas contra los recortes del actual gobierno popular, nos recuerdan los terribles sucesos de la Revolución de Octubre de 1934. También ahora, los mineros carboníferos (declarados en huelga política revolucionaria) utilizan métodos violentos, como barricadas incendiarias, cortes de carreteras y vías férreas, así como auténticas batallas campales con las fuerzas de orden público en las que se emplean toda suerte de armamento como tiragomas con bolas de acero, troncos de árboles, vagonetas, piedras y cohetes lanzados con bazookas de fabricación casera. La estética minera de combate se ha puesto al día y hoy la uniformidad pasa por un calco de los libertarios atuendos de los “antisistema” o de los “kaleborrokistas” vascongados.
Tanto hoy como ayer, el SOMA-UGT está en vanguardia de las revueltas. Y contando con la adhesión de otras fuerzas antigubernamentales, como comunistas, anarcosindicalistas y un conglomerado de “antisistema”,”trotskos”, ecorradicales y demás patulea colorada, se dedican a hostigar al Gobierno para ver si éste cede y sigue subvencionando un sector en vías de extinción, pues nuestro carbón ni es competitivo ni de buena calidad.
Las mediáticas violencias de los actuales mineros del carbón no dejan de ser cabreos y machadas con pirotecnia variada si los comparamos con la ferocidad que emplearon sus abuelos en Octubre del 34. Aunque bien es cierto que en las cuencas mineras astur-leonesas, se guarda un sacrosanto recuerdo de la mística revolucionaria, cruel y sanguinaria, que se desarrolló en aquellos hechos, considerados heroicos a través de una visión marxista del “proletariado en armas”. Y todo ello, a pesar de que, entonces como ahora, los mineros fueran los asalariados mejor pagados de España, gracias a las más que generosas asistencias estatales.
Por muchas subvenciones que se inyecten a las minas españolas del carbón, éstas no tienen ningún futuro. Es del todo imposible competir, tanto en calidad como en precio, con el carbón polaco, chino, colombiano o sudafricano. Los españoles no podemos permitirnos el lujo, y menos con el chaparrón de crisis económica que está cayendo, de gastarnos nuestros precarios recursos en sectores históricamente ruinosos. Que se enteren de una vez los mineros que los gloriosos tiempos franquistas, en los que el Instituto Nacional de Industria (INI) de Juan Antonio Suanzes subvencionaba industrias deficitarias, han pasado a la historia.
La minería del carbón es inviable. Por más dinero que metamos en un sector más que moribundo, el funesto desenlace será inminente e inexorable. Los sectores deficitarios no pueden subsistir indefinidamente a base de inyecciones de dinero público. Las cuencas mineras carboníferas están heridas de muerte. Dejémoslas que fallezcan de una vez y pongamos en marcha el reciclaje de la economía asturiana.
- Luis Sánchez de Movellán es Doctor en Derecho y Director de la Vniversitas CEU Senioribvs.