El presidente Ma y Michael E. Porter.
TAIWÁN QUIERE SACAR LA DELANTERA
Por Joaquín Cañas (Corresponsal en Taiwán)
Joaquín Cañas (Corresponsal en Taiwán) | Domingo 02 de noviembre de 2014
La ciudad de Taipei acogía este viernes, 24 de octubre, una importante audiencia en el Palacio Presidencial, un encuentro crucial entre y el Primer Mandatario taiwanés y una de las máximas referencias en el mundo de la dirección corporativa y estratégica empresarial, el profesor Michael E. Porter de la prestigiosa Universidad de Harvard. Taiwán no puede –decía Ma- depender sólo de las ofertas de otros países para reducir aranceles, el país debe reajustar su estructura industrial y debe hacerlo tan pronto como sea posible. En un giro completo, que supone recorrer el camino distante entre una dirección eficiente y una dirección basada en la innovación, Taiwán debe primero y antes que nada afrontar los obstáculos que dificultan ese cambio, obstáculos internos y externos al mismo tiempo.
En primer lugar, ninguno de los grandes protagonistas y actores comerciales del panorama internacional mantiene relaciones con el país, y a pesar de la voluntad e inclinación por llevar a cabo negocios en Taiwán finalmente parecen vacilar en su propósito para forjar auténticos acuerdos comerciales y de cooperación económica.
Lo cierto es que hoy por hoy Taiwán parte en desventaja con respecto a otros competidores de la zona. Ese casi 10% del total de los productos taiwaneses exportados que circulan dentro de los acuerdos de libre comercio o pactos similares, en poco se queda si miramos hacia arriba o abajo en el mapa: un 36% para Corea del Sur, o un 70% para Singapur, por ejemplo. En comparación con ellos –reconocía Ma- el país se encuentra en una situación extremadamente rezagada y en desventaja.
En Taiwán, las relaciones con China han estado a menudo marcadas por malentendidos, y se han visto envueltas en encrucijadas retorcidas por culpa del proteccionismo que abrazan aún muchas personas dentro el país. Esta es, decía Ma, una situación normalizada y que no puede cambiarse de un día para otro. En cualquier caso, no debemos ignorar a China si buscamos un verdadero cambio y la ruptura de barreras y obstáculos comerciales. Sin embargo – admitía el Presidente- es desde hace tiempo un síntoma general el profundo complejo con respecto a mainland China: existe el temor a ser heridos.
Lo que el país necesita –concluían ambas autoridades- es no estancarse en la cuestión arancelaria con sus respectivos socios, sino transformar su economía cambiando su modelo puramente eficiente a uno innovador. El país debe solidificar sus pilares industriales cultivando nuevas formas e industrias emergentes –decía Ma-: El sector manufacturero y sus servicios deben mejorar y globalizarse haciendo uso de sus recursos tecnológicos, a la par que la industria tradicional debe explotar sus características únicas.
Esta forma de dirección significa, en pocas palabras, tomar la delantera, ser la vanguardia de las tendencias en tecnología, apoyar el producto peculiar, característico, distintivo, etc., y un alto grado de interactividad en los servicios y resistencia sólida a los choques que vengan del exterior.