Análisis y Opinión

El Gobierno explica su política económica

Álvaro Nadal, Secretario de Estado y Director de la Oficina Económica del Gobierno.

LO HIZO ÁLVARO NADAL, SECRETARIO DE ESTADO Y DIRECTOR DE LA OFICINA ECONÓMICA DEL GOBIERNO

Por José Luis Heras Celemín

José Luis Heras Celemín | Domingo 02 de noviembre de 2014
En enero de 2012, el Real Decreto 83/2012 reestructuró la Presidencia del Go-bierno y dejó a la vista las intenciones de Rajoy. Entre las novedades, en el artículo 5 del decreto, aparecía una “Oficina Económica del Presidente del Gobierno, a cuyo frente figurará un Director con rango de Secretario de Estado”, con la misión, se decía, “de asistir al Presidente en los asuntos relacionados con la Política Económica”. Parecía claro que se había optado por crear una estructura que ahorraba el forma-lismo de una Vicepresidencia Económica. La medida permitía que el Presidente tomara el protagonismo en los asuntos económicos y que todos ellos, frente a la sociedad y en las relaciones con Europa, tuvieran el marchamo de “asunto presidencial”.


Al frente de la Oficina Económica se colocó a Álvaro Nadal, un Técnico Co-mercial y Economista del Estado, doctorado en Economía Internacional y Organización Industrial por Harvard, al que de inmediato una parte de la prensa tildó de arisco y le vio como “ una parte del problema” para exponer la actividad económica del Gobierno.

Con el tiempo, esas mismas fuentes (aún hoy un digital incidía en el tema) le se-ñalaban como uno de los responsables de que “Rajoy no haya sabido vender adecuada-mente sus reformas económicas en España y en la zona euro… debido a su carácter difícil y prepotente”

Con ese marchamo, de repelente e inaccesible fontanero económico monclovita, se había anunciado la comparecencia de Álvaro Nadal en el desayuno que Nueva Eco-nomía Fórum celebró en el Hotel Ritz de Madrid. Allí le esperaban una representación política de su partido algo corta (sólo Celia Villalobos, los Secretarios de Estado Beteta y Gómez-Pomar, unos pocos diputados y senadores), algunos empresarios con Florenti-no Pérez en mesa preferente, una representación de la prensa y el ex de la Casa Real Jaime de Marichalar.

La presentación corrió a cargo de la ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Báñez, que se identificó con él definiéndose como “dos liberales con corazón social” y que, para contrarrestar los prejuicios negativos que había contra él, hizo lo que en una de las mesas que ocupaba la prensa alguien definió como una “verdadera decla-ración de amor profesional, político y sin sexo”.

Casi desde el comienzo, la idea previa que había sobre Nadal, de intelectual dis-tante y repelente, se vino abajo. Comenzó, con un tono afable y didáctico, agradeciendo el tiempo dado al Gobierno para “explicar lo que queremos hacer con la política econó-mica española”. Siguió analizando la situación y advirtiendo la circunstancia de que España es la cuarta o quinta Nación con más éxito en los cinco últimos años. Desde esa realidad, explicó: Que la intención del gobierno es procurar la convergencia con las economías más ricas del mundo. Que no existe un “made in Spain” capaz de producir milagros. Que se trata de producir bienes y servicios de forma competitiva, para inter-venir en el mercado y cambiarlos por otros bienes y servicios.

Docente, exhibió un teléfono móvil, como ejemplo de un producto conseguido “con lo que producimos y vendemos al exterior”, para asegurar que “se crece desde la oferta” y modernizando los servicios productivos propios. Y que para ello se necesita Estabilidad Económica y que los Sectores Productivos tengan recursos.

Después, con el tono suave de un profesor paciente, explicó que la competitivi-dad no se puede conseguir con una devaluación de la moneda, imposible de una forma independiente en una zona euro con moneda común. Recordó el punto de partida de la economía española moderna en el momento de la entrada en Europa, con una devalua-ción de la peseta recién hecha, que permitía una economía competitiva en la que todo el mundo quería invertir en España, siguiendo las reglas de un euro que se había hecho a imagen y semejanza del marco alemán. Y puso ante el auditorio la realidad al comienzo de la legislatura.
  • Se necesitaban 700.000 millones de euros para arreglar el rescate de España en el año 2011. Pero el rescate no era la solución.

Por ello, siguió explicando, ante la imposibilidad de devaluar, había que “ajustar los costes con reformas”, haciendo lo que definió como “una devaluación interna”, una especie de devaluación de una peseta, que no existía, desde dentro de Europa y sin salir del euro. Era difícil y nadie lo había hecho antes. Y exigía sacrificios de todos.

Rajoy creyó que sí se podía hacer. Y se hizo. Con un ajuste interno sin acudir a la moneda. Y con las reformas que propuso el Gobierno: Reforma Laboral, que frene los precios y aproveche el momento. Reforma en los mercados de bienes y servicios, para hacerlos competitivos. Reforma Energética, para abaratar los costes de producción. Promulgación de una Ley de Emprendedores y otra de Unidad de mercado. Reforma del Sector Financiero…

A la hora de analizar lo conseguido, citó los recientes “test de estrés” hechos por el Banco Central Europeo en los que se confirma el buen estado del sistema financiero español. Advirtió que la moderación salarial permite mantener costos con productos competitivos y produce una inflación negativa. Y celebró que “estamos jugando el juego de los alemanes mejor que los alemanes”, consiguiendo lo que nadie ha hecho hasta aho-ra.

Terminó advirtiendo que lo hecho es un trabajo de todos y que políticamente “ha sido muy difícil una gestión que está saliendo bien”

En el turno de preguntas, tranquilo y dominando los temas, contestó varias sobre la privatización de AENA, la incidencia de la inflación negativa en el aumento de la deuda pública, los flujos de créditos tras los test de estrés, la influencia en la economía de los casos de corrupción política, e incluso su opinión sobre un fenómeno, Podemos, que trató relacionándolo con lo absurdo de unas proposiciones ancladas en la demago-gia: Hay que anotar y fijarse en los costos, resumiría, “Lo siento, pero lo demás es de-magogia”.

Sólo evito una respuesta a una pregunta directa. Él había hablado de la burbuja inmobiliaria con origen en una burbuja financiera que se había desencadenado desde Alemania. Desde un medio (El Mundo Financiero), se le preguntó por las contrapresta-ciones que a su juicio debía ofrecer Alemania. Contestó que él no había relacionado la burbuja económica con la “crisis del ladrillo” (aunque existió), uso el símil de un conge-lador, mitad frío mitad no. Y dijo que no hay problema moral “porque ellos (los alema-nes) defienden sus intereses y nosotros los nuestros”.

Al terminar, entre los asistentes había sensaciones y opiniones opuestas. Para unos pocos la disertación de Álvaro Nadal había sido “un peñazo que no hay quien lo entienda”. Para otros, los más, empresarios y especialistas en Economía, la intervención del Secretario de Estado y Director de la Oficina Económica del Presidente del Gobier-no había sido excelente. De forma profesional, había expuesto la política Económica del Gobierno.