Luis Sánchez de Movellán
HOMBRE, MUJER Y ADMINISTRACIÓN
Por Luis Sánchez de Movellán
Luis Sánchez de Movellán | Martes 04 de noviembre de 2014
La familia ha sido una de las instituciones más implicadas en el proceso de cambio operado en España desde 1975. A partir de la llamada Transición desaparece la familia tradicional del ordenamiento jurídico y desde el punto de vista sociológico aparecen nuevas formas de lo que podríamos denominar parafamilias. El debate social no fue nada intenso porque la realidad socio-cultural de la familia y sus costumbres había mutado bastante durante el período del tardofranquismo. Incluso no hubo prácticamente tensiones con la Iglesia, ya que soplaban los vientos del Vaticano II y la jerarquía adoptó una postura conciliadora y de respeto a la separación Iglesia-Estado.
En la década de los ochenta del siglo XX, la hegemonía política de los socialistas y la consolidación de un marco político democrático facilitaron el avance del discurso progresista muy crítico con la familia hasta llegar a las políticas de género del Presidente Zapatero que dinamitaron lo poco que quedaba de la familia convencional. Una situación que se puede apreciar en la imagen que difunden los mass media, especialmente la televisión, en series tan conocidas como Los Serrano, Aída o La que se avecina.
El giro radical que comenzó a gestarse en los años sesenta, primero lentamente y luego de forma acelerada desde finales de los setenta, ha conducido a la quiebra del modelo de familia tradicional pasándose a una evidente revolución familiar que tiene como objeto el carácter de la propia familia y la aparición de nuevos modelos alternativos. El cambio que se produce en España se caracteriza por su rapidez en extensión y profundidad. Se puede hablar de una clara subversión familiar y la adopción de recambios parafamiliares revolucionarios.
Los nuevos modelos de familia se han gestado en el contexto sociopolítico de una sociedad postindustrial avanzada y neocultural que ha adoptado los valores de la ultramodernidad. Dos factores principales que han precipitado el cambio han sido la radicalización del feminismo y el acceso masivo de la mujer al mundo laboral.
La evolución del feminismo, desde el simplemente reivindicativo e igualitario hasta el postmoderno de género, va a jugar un papel clave en el cambio del rol de la mujer en la sociedad y en la familia. La reorientación de las relaciones de género acabará siendo una reivindicación de la mujer por encima de las consideraciones meramente teóricas del feminismo.
En el terreno de las ideas y de la práctica, el cambio más importante se centró sobre la sexualidad. De la reivindicación del control de la natalidad y la anticoncepción se pasó a la afirmación agresiva de la voluntad de control sobre el propio cuerpo, concretado en la demanda de legalización del aborto y en la supresión de la legislación que penalizaba las conductas homosexuales o lésbicas y la prostitución. Se denunciaron, además, diversos aspectos de la “ideología patriarcal” como la propia familia, la virginidad, el “mito” de la materinidad, la cosificación de las mujeres, etc.
El segundo factor relativo al acceso de la mujer al ámbito laboral ha contribuido a cambiar radicalmente el sistema familiar. El intenso crecimiento económico (prácticamente ininterrumpido desde 1959 hasta 1975, y que ha continuado, tras un paréntesis largo de recesión, entre 1996 y 2007), junto con la diversificación del sector de servicios permitió la rápida incorporación de gran número de mujeres al trabajo extradoméstico. El trabajo será uno de los mecanismos de cambio y la vía más rápida para lograr la “liberación” de la mujer. El trabajo pasa a ser un elemento fundamental para la realización personal de la mujer y favorece la consolidación real del equilibrio de poderes en la pareja y la división del trabajo dentro del hogar.
Son muchas las transformaciones que ha sufrido la familia española en los últimos años. Esos cambios han afectado tanto a su tamaño y estructura como a la dinámica de las relaciones entre sus miembros. La implantación de una pluralidad diversa de modelos ultramodernos ha supuesto el paso de un modelo de familia matrimonial con numerosas protecciones, a otro en el que la familia se pretende como una institución carente de límites. Desde las uniones de hecho a los llamados matrimonios homosexuales, cualquier reivindicación, por estrafalaria que sea, es posible.
El refuerzo de la familia, a través de una reorientación de las políticas sociales y educativas de la propia institución familiar, que la reconozca su auténtica función productiva, socializadora y asistencial, ha de ser una de las claves para evitar los efectos perniciosos de ciertas “ocurrencias progresistas”. En el fondo se encuentra el problema de la falta de reflexión política de la familia en relación con la crisis del Estado de Bienestar. En resumen, la crisis de la familia es una crisis de readaptación a unas nuevas condiciones económicas, socio-políticas y culturales, impuestas por el desarrollo vertiginoso de una sociedad postindustrial avanzada y globalizada.