Análisis y Opinión

Las nuevas baterías “teslarianas” no se cargarán con el sol español

LA LEGISLACIÓN ESPAÑOLA IMPIDE LA "AUTOSUFICIENCIA" ENERGÉTICA

Por Daymé Grandía Carvajal

Redacción | Viernes 15 de mayo de 2015
La figura y la obra de Nicola Tesla (1856-1943) parecen estar abandonando los gabinetes experimentales del electromagnetismo y los cenáculos de la Ciencia Ficción para instalarse en los dominios, infinitamente más extensos, de la opinión y el gran público. Muchos aspectos azarosos de la biografía de este genio, medio húngaro y medio croata, se prestan a la deformación de los hagiógrafos y a la imaginación de los dibujantes de cómics. El brillante ingeniero que fuera despedido por el cruel Thomas Alva Edison; el cerebro privilegiado que, a consecuencia de ello, habría de ganarse la vida cavando zanjas y plantando postes telefónicos; el antisistema avant la lettre que, desencantado con todo, se rebela con el gesto inmenso de obsequiar a su nuevo patrón - George Westinghouse- con las patentes de todos sus inventos y desarrollos tecnológicos: la corriente alterna, la radio, el radar, los rayos x, el motor eléctrico, las comunicaciones inalámbricas, la criogenia, la radioastronomía, el mando a distancia o las luces de neón. Éstos son sólo algunos ejemplos atribuibles al “inventor del siglo XX”.




Pero, ante todo y sobre todo, Tesla fue el hombre que dedicó su inmenso talento a la conducción inalámbrica de la electricidad para servir al ideal altruista de una energía gratuita, para todo el mundo y en cualquier parte del mundo. Por ello, en nuestros días de crisis y penuria económica, Tesla va camino de convertirse en un icono revolucionario de la lucha contra “las eléctricas”, frente de batalla en el que se le considera poco menos que como a un protomártir.

Tesla es, también, el nombre de una compañía de Silicon Valley que opera en el sector de los coches eléctricos para los que diseña, además, motores y sistemas de almacenamiento por baterías. La sinonimia no es casual ya que la compañía utiliza el modelo original del motor de corriente alterna ideado por nuestro héroe en 1882.

A principios de este mes de mayo, Tesla Motors sorprendió al mundo con la presentación en sociedad de sus nuevas baterías solares Tesla Powerwall, concebidas para el uso doméstico. Su CEO, Elon Musk, reconocía como primer objetivo del nuevo proyecto “transformar totalmente la infraestructura energética mundial para que sea totalmente sostenible y sin producir emisiones de carbono". Y para poder prescindir de las redes físicas y los tendidos tradicionales de conducción eléctrica, claro está, en la misma senda del primer Tesla, del original.

Naturalmente, el precio de las baterías y de los sistemas de captación de la energía solar viene a aguar el vino de la fiesta, por lo demás excelente. Sin embargo, esta cuestión no ha sido óbice para que la compañía se haya visto desbordada por las peticiones recibidas desde el minuto siguiente a la presentación de su nuevo producto.

Hay dudas de carácter técnico respecto al rendimiento de estas baterías. Se trata, aquí, de hacer las cuentas del consumo energético familiar y, en caso de cuadrar, solicitar crédito a uno de los bancos radicados en el país más soleado de Europa.

¿Tan fácil? Por supuesto que no.

El Ministerio de Industria español se ha anticipado a la amenaza que supone la disponibilidad tecnológica de una energía limpia, barata, renovable y universal, para minimizar sus posibles efectos sobre la población y sus bolsillos. Removiendo la sorpresa, cuando no la hilaridad de los medios internacionales, nuestra legislación impide la instalación y uso de estas baterías y prevé, en caso de extrema necesidad, un “peaje de respaldo” que no es otra cosa que un impuesto al sol en términos prácticos. Faltaría más. Nuestro sol es para disfrute exclusivo de los turistas, primera industria nacional desde los tiempos de Franco. No se vaya a malgastar.