NUNCA IR POR EL CAMINO TRAZADO
· Por Daymé Grandía Carvajal
Redacción | Sábado 27 de junio de 2015
La clave del éxito en los negocios tal vez se reduce a la conquista de una ventaja competitiva en todos los procesos empresariales: de producción, de gestión y de venta. A finales de la década de 1990, el mantra competitivo más apreciado fue el de la calidad total. Cuando esta mentalidad resultó plenamente asumida, surgió la necesidad de focalizar toda la actividad de la empresa en las necesidades de los clientes, dando origen a una nueva cultura que se podría aludir, sin abuso, con las siglas CRM (Customer Relationship Management). En la actualidad, todas las empresas de éxito comparten ratios similares de calidad y de coherencia con la visión de cliente. La tensión competitiva, entendida como la inagotable necesidad de distinción frente a los demás agentes que se disputan un mismo mercado, resurge con fuerza en este panorama de igualación y nivelación de los estándares. La lucha competitiva se ha desplazado hacia el campo de batalla de la Innovación. A este respecto, resulta significativo cómo el tándem de la Investigación y el Desarrollo debió abrir espacio a una tercera inicial, la de la Innovación, para completar el acrónimo de la i+d+i.
No es necesario demorarse en el capítulo de las definiciones cuando se trata de la Innovación. Continúa plenamente vigente la máxima de Alexander Graham Bell: nunca vayas por el camino trazado, porque conduce hacia donde otros han ido ya.
Gobiernos, empresas, universidades, escuelas de negocios y medios de comunicación teorizan sobre la Innovación. Pero lo cierto es que la Innovación parece estancada en todo el mundo, en esta casi segunda mitad del decenio. Es lo que cabe deducir del último estudio de Thomson Reuters, empresa mundial señera en inteligencia de negocios.
The Future Is Open: 2015 State of Innovation combina el análisis de la literatura científica con los registro de datos de nuevas patentes globales en doce áreas tecnológicas: Aeroespacial y Defensa; Automotriz; Biotecnología; Cosméticos y Bienestar; Alimentación, bebidas y tabaco; Electrodomésticos; Tecnologías de la Información; Dispositivos Médicos; Petróleo y Gas; Productos farmacéuticos; Semiconductores y Telecomunicaciones.
En la parte cuantitativa, el estudio concluye que el volumen de patentes en todo el mundo aumentó solo un 3% respecto al año pasado. Supone su tasa más lenta de crecimiento desde el fin de la recesión mundial en 2009. Por su parte, el volumen total de nuevas investigaciones científicas disminuyó un 34% durante el mismo período.
Thomson Reuters estima que el momento actual supone un punto de inflexión, y enuncia los dos vectores que determinarán la próxima etapa en el desarrollo de la innovación tecnológica.
Por una parte, triunfa el concepto de la “Innovación abierta”. Las empresas están abocadas a estrechar aún más sus lazos con las instituciones académicas, los investigadores independientes e, incluso, con el resto de las empresas, aunque sean sus competidoras naturales. Sobre la dialéctica del secretismo y del espionaje industrial de antaño, se impone hoy la lógica de la compartición del talento y de los recursos económicos destinados a las grandes inversiones. La Innovación adquiere algo similar a un carácter de valor universal, dejando las particularidades en el campo de la competitividad en calidad y cercanía a la voluntad del cliente.
Por otra parte, y muy relacionada con esta nueva apertura, asistiremos a una convergencia entre los sectores económicos y a un creciente esfumado de sus fronteras. Es un proceso en marcha. Las grandes empresas están registrando patentes que, en un principio, poco o nada tienen que ver con su ámbito de actividad. Más llamativo resulta, quizás, que se estén cediendo esas patentes a las industrias que pueden aplicarlas directamente en sus áreas principales de negocio. La conclusión lógica de este movimiento será la llegada de futuros protocolos de compatibilidad intersectorial, similares a los actuales empaquetados de productos y ofertas pero procedentes de ámbitos de servicios que, sobre el papel, resultan apenas adyacentes.
¿Se diría, en consecuencia, que la concentración está dejando de resultar anticompetitiva?