Manuel Calvo Hernando (1923-2012), padre del periodismo científico español.
FALLECE UN GRANDE DEL PERIODISMO ESPAÑOL
José Luis Barceló Mezquita | Martes 21 de octubre de 2014
El jueves 16 de agosto falleció en Madrid, a los 88 años de edad, el periodista y divulgador Manuel Calvo Hernando, “padre” del periodismo científico en España y uno de los “grandes” nombres de la profesión.
Me ha entristecido enormemente conocer la muerte del periodista y amigo Manuel Calvo Hernando, cuya estampa tendré siempre que estar ligada a la del nacimiento y crecimiento del periodismo científico en nuestro país.
La primera vez que oí hablar de Manuel Calvo Hernando fue a mi padre, que era amigo suyo. Desde pequeño mi vida siempre ha estado ligada al periodismo, y en mi casa era normal que se desayunara o merendara corrigiendo las galeradas de la revista de mi padre, o preparando el correo que al día siguiente echaba en el buzón. Nunca hubo siestas en mi casa y solo recuerdo de mis años de infancia la imagen latente de mi padre aporreando su Lexicon 80, que echaba humo literalmente porque bajo el carro de la misma siempre había un cenicero con un cigarrillo encendido.
Calvo Hernando fue subdirector del Ya y jefe de prensa del Instituto de Cultura Hispánica, donde creo que le conoció mi padre, que era a su vez gran amigo de Manuel Fuentes Irurozqui, gran mentor y maestro de mi padre y con quien recorrió medio mundo en los años 50.
Mi padre intentó –y consiguió-, que la primera asociación de periodistas a la que yo perteneciera fuera la de Periodismo Científico que presidía Manuel Calvo Hernando. Todavía tengo por ahí mi carnet de socio –lo tengo que buscar ahora-, que me parece mentira que sea tan antiguo porque que debe datar de 1978 o 1979. En fin, como me decía un viejo maestro al que respeto mucho aún, “la vida es eso que pasa mientras hacemos otras cosas…”
Calvo Hernando y mi padre se llevaban poco, mi padre, de 1922, y Calvo Hernando de 1923, una quinta de buenas personas que pasaron la guerra en su niñez, entre bicicletas, chicas y bombardeos.
Calvo Hernando hablaba a menudo con mi padre, se llamaban mucho, y mi padre, cuando yo cumplí los 18 años, me puso alguna vez al teléfono con él “para que le hiciera caso” en los consejos que me daba. Calvo Hernando me pidió alguna vez algún trabajo escrito, que luego me llamaba para corregir por aquí y por allá. Y también me pidió alguna que otra colaboración para la revista “Periodismo Científico” de la Asociación que con tanta dedicación sostenía. Recuerdo a Calvo Hernando como una persona amiga que siempre estaba ahí, a la que podías llamar, escribir a su casa o pedir consejo.
Se entristeció mucho cuando en 1991 supo de la muerte de mi padre por un cáncer, y siempre mantuvimos contacto. De vez en cuando me escribía con algún nuevo consejo –fue también un gran profesor de periodismo en San Pablo-CEU-, y yo le tenía puntualmente informado de mis actividades, trabajos o nuevas iniciativas.
Me ha apenado mucho su fallecimiento, la verdad. Es como una etapa de mi vida que se cierra. Mientras el verano continúa, y las portadas de los medios arrojan titulares de actualidad voraz, ajenas a la personalidad vital de Manuel Calvo Hernando, que se nos ha ido, me asusta ahora el alma de eso que se llama Periodismo Científico y que deberá sobrevivir sin el temperamento arrollador y eficientemente práctico de un racionalista del periodismo.