Análisis y Opinión

Sin consentimiento

Mariano Rajoy es el primer presidente de la Democracia que ha incumplido en los primeros meses de gobierno la mayor parte de sus compromisos electorales.

RAJOY SE DESVÍA 180 GRADOS DE SU PROGRAMA

Francisco Pineda Zamorano | Martes 21 de octubre de 2014
Cuando un partido en el gobierno se desvía 180 grados de su programa y, como en el caso de Rajoy, nos manifiesta que el “no quisiera poner en marcha esas políticas pero que no es libre y que no tiene más remedio”, estamos ante una situación que ha de volver a contar con el consentimiento de la ciudadanía.




La teoría del consentimiento social no es nueva pero está de máxima actualidad. Ante la situación política y económica que se da en el país y a pesar de la relativa proximidad de las elecciones que dieron mayoría absoluta al Partido Popular en Noviembre pasado, hemos de preguntarnos si el Gobierno de Rajoy cuenta con el “consentimiento” de la población española.

Dicha teoría viene a indicarnos que se puede obtener fácilmente el gobierno de un país controlando las fuerzas armadas, la justicia, la policía y los medios de comunicación. Esto han podido hacerlo dictadores (véase los resultados de la primavera árabe), sin contar con el consentimiento del pueblo. En democracia, una elección nos coloca a determinados partidos en el gobierno dándose ese primer consentimiento de la población a las políticas presentadas en los programas electorales.

Cuando un partido en el gobierno se desvía 180 grados de su programa y, como en el caso de Rajoy, nos manifiesta que el “no quisiera poner en marcha esas políticas pero que no es libre y que no tiene más remedio”, estamos ante una situación que ha de volver a contar con el consentimiento de la ciudadanía.

En democracia la elección tiene un periodo determinado para la ejecución de los programas del partido o partidos vencedores (en nuestro caso 4 años), pero el consentimiento de la aplicación de dichas políticas ha de ser refrendado día a día, máxime si han cambiado radicalmente las propuestas con su programa electoral. Es decir, el control político y ciudadano que ha de ejercerse sobre el gobierno es cotidiano y no puede ni debe refugiarse en el parapeto de haber sido elegido para un periodo completo.

La teoría de Bukowski, según la cual “La diferencia entre una democracia y una dictadura es que en una democracia, primero votas y después recibes órdenes. En una dictadura no tienes que perder el tiempo votando”, quedaría superada por lo expuesto arriba desde la perspectiva del consentimiento.

Es el pueblo soberano quien ha de estar vigilante a las tareas que desarrollan los políticos elegidos para su representación, día a día, medida a medida, otorgando el consentimiento a las mismas si es que aquellas se alejan de las propuestas electorales por las que se apoyó a un determinado partido.

En esta realidad nos movemos en España, con un gobierno de mayoría absoluta que se aleja de su programa electoral y que pierde el “consentimiento” de la población en la aplicación de sus políticas. Una opción sería la de someter a referéndum el paquete de las propuestas no programáticas y otra, la más certera, sería convocar de nuevo elecciones para revalidar o no el apoyo directo de los ciudadanos.
  • Francisco Pineda Zamorano es Asesor en Relaciones Internacionales y Cooperación