El informe subraya el rol de la tecnología como driver relevante en cómo se imparte la educación, con un papel decisivo en los cambios de futuro que se empiezan a vislumbrar ya.
Y es que si el modelo educativo tradicional giraba alrededor del profesor, la biblioteca, la enciclopedia y el libro, el sistema actual ha avanzado desde el qué se aprende a cómo se aprende, añadiendo nuevas opciones como el e-learning o mobile learning, el intercambio contenidos entre estudiantes, la interacción constante a través de Internet y las redes sociales, así como el contacto con terceras instituciones o empresas.
El informe concluye que el alumno se ha convertido en el centro del ecosistema educativo, mientras que el profesor ahora actúa como facilitador o guía de éstos, en lugar de como una autoridad inflexible.
Esta visión transformadora, que abre nuevas oportunidades de formación a los alumnos pero también a todo el ecosistema educativo, desde decanos hasta profesores, pasando por CiOs o desarrolladores de contenidos, resulta vital para que el sistema educativo avance.
En este nuevo sistema, la actitud se valora por encima del conocimiento y de las herramientas disponibles. El trabajo esboza que en el campus del futuro dominarán tecnologías como la realidad aumentada, al tiempo que se deberá reforzar la conexión entre universidad y empresas o entre compañías, de cara a contribuir a mejorar el aprendizaje de unos alumnos colaboradores y cada vez más interconectados.
En un marco de competencia global por atraer el talento, las principales tendencias en el desarrollo de la actividad educativa y del campus del futuro identificadas por este informe son: