EN CIERRE DE UN CICLO
· Por Francisco Pineda Zamorano, experto en en Relaciones Internacionales y Cooperación
Francisco Pineda Zamorano | Domingo 11 de septiembre de 2016
La Paz se huele en Colombia. Con una valentía inusitada, el Presidente Juan Manuel Santos inició junto con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) unas negociaciones de Paz que han tenido como lugar de encuentro La Habana y que han culminado con la propuesta a ratificar por el pueblo colombiano para aceptar el proceso de paz e integración de los miembros de las FARC en la vida política del país. Nos consta que el proceso negociador no ha sido fácil. Ha encontrado muchos obstáculos en las primeras rondas, pero han sabido aplicar el principio de priorización del objetivo final. Allá donde sen encontraban un obstáculo, los negociadores lo aparcaban para después y seguían con otro tema. Un método que permitió avanzar aceleradamente en el grueso, afinando más tarde los asuntos más problemáticos.
Santos firmará el Acuerdo de Paz en Colombia el próximo 26 de Septiembre con el apadrinamiento de Naciones Unidas y un buen número de mandatarios internacionales presentes en el acto. Sin embargo, el presidente colombiano es muy consciente de los enemigos a los que se enfrenta el pacto. En primer lugar su mentor, el anterior presidente Álvaro Uribe, del que Santos fue su Ministro de Defensa. Uribe ha lanzado una feroz campaña en contra de los acuerdos de paz y hará campaña en el referéndum popular a favor del NO.
Al mismo tiempo, Santos se enfrenta a los residuos de los Paramilitares colombianos, que están recobrando fuerza atemorizando a campesinos organizados y asesinando a líderes comunales. Tendrá que poner freno radical a estos escuadrones de la muerte si realmente quiere que el proceso de paz culmine con un compromiso total por parte de la población colombiana.
Colombia necesita Paz. Y una Paz que sea duradera debe articular y posibilitar la participación política de todas las personas ahora alejadas de esa opción. Cambiar lar armas por el debate político es un proceso que conllevará dificultades, pero el final de 53 años de guerra hacen necesario un compromiso firme por entrar en un nuevo escenario para el cambio definitivo.
Los colombianos tendrán en su voto de ratificación que decidir entre continuar demandando justicia para las víctimas (en este caso de ambos lados) o apostar definitivamente por el cambio de rumbo para fortalecer el derecho de vivir en paz.
La disyuntiva puede resultarles amarga, pero es Colombia como país quien ha estado sumida en la amargura durante medio siglo. La valentía de la apuesta por la paz en estos momentos será un gesto que dejará huella en la opinión pública internacional y marcará una línea en la posible resolución de otros conflictos enquistados a nivel mundial.