HACE 40 AÑOS....
· Por Luis Sánchez de Movellán, doctor en Derecho
Luis Sánchez de Movellán | Viernes 18 de noviembre de 2016
Aquellos momentos de hace más de cuarenta años fueron los de la agonía de un Régimen, pero no, aunque se haya dicho y escrito, la de una nación que, por el contrario, siguió con tensa serenidad la larga extinción de la vida del hombre que la había gobernado con mano de hierro durante casi cuatro décadas y que, con su estoica aceptación del fin y, sobre todo, con la suprema dignidad de su testamento, borró el recuerdo del penoso forcejeo de su última etapa de vida para retener un poder que ya no podía ejercer.
Lo mismo que el Régimen había nacido en medio de un mundo en crisis, ahora se extinguía mientras Marruecos se aprovechaba, vil y taimadamente, de las circunstancias para arrebatarnos nuestra codiciada posesión africana, el Sahara, y Europa era un clamor contra las ejecuciones de terroristas en el mes de septiembre de 1975. Pero, a diferencia de 1936, el pueblo español estaba mayoritariamente en paz y gozaba del mayor nivel de vida que ha tenido en toda su historia. Esas dos circunstancias, que eran en definitiva el más valioso legado del general Franco, permitieron superar la nueva prueba.
El 26 de septiembre de 1975, el Consejo de Ministros examinó las condenas a muerte impuestas a diversos terroristas por los Tribunales militares reunidos en Burgos, Madrid y Barcelona; se da por enterado, es decir, confirma la condena de cinco, e indulta a seis. El 27, de madrugada, José Luis Sánchez Bravo, Ramón García Sanz y José Humberto Baena Alfonso, del FRAP, son ejecutados en Madrid; Ángel Otaegui y Juan Paredes Manot, de la ETA, en Burgos y Barcelona, respectivamente. Nueve Estados europeos, con variados pretextos, retiran a sus embajadores de España, hay manifestaciones en diversas capitales y nuestra embajada en Lisboa es saqueada e incendiada con la complacencia de las autoridades portuguesas.
El 1 de Octubre se celebra la concentración patriótica que está haciéndose de ritual en la madrileña Plaza de Oriente. Fué la última vez que el general Franco habló (más bien hizo que hablaba) en público. Se escucharon a duras penas sus referencias –las de siempre- a “la conspiración masónica izquierdista en la clases política” y al “contubernio con la subversión comunista-terrorista en lo social”. Esa misma mañana, tres agentes de policía eran asesinados en Madrid por miembros del FRAP.
El 12 de Octubre se celebra el Día de la Hispanidad en el Instituto de Cultura Hispánica. Al volver, Franco se siente mal, pero hasta el 15 a las 3 de la madrugada no se llama a su médico, el doctor Pozuelo, el cual escribe: “Franco era un hombre anciano y había sufrido mucho en días pasados. Todo me hacía pensar en un infarto silente”. Sin embargo, no suspende las audiencias previstas. Según lo publicado sobre los días finales de Franco, fue el día 15 cuando escribió su testamento político, que su hija Carmen mecanografió.
El 16 coinciden la sentencia del Tribunal de la Haya sobre el Sahara y el informe de la Comisión Visitadora de la ONU, ambos favorables a la autodeterminación, con el anuncio de la “Marcha Verde” apoyada por los EE. UU., que hace el alauita rey Hassan. El 17 se da el primer parte médico sobre su estado, aunque no se hizo público hasta cuatro días después, y Franco asiste al Consejo de Ministros monitorizado para controlar su ritmo cardíaco desde una habitación contigua. El 18 fue el último día que se levantó y trabajó normalmente. El 19, domingo, oye misa con su familia, sus ayudantes y el médico. Y al día siguiente aún recibe en su despacho al Presidente de las Cortes.
El 21, de madrugada, la situación del enfermo es tan alarmante que el equipo médico se la da a conocer, aunque recibe al Presidente del Gobierno con un monitor conectado a su corazón. El 22 se levanta y ve una película, pero los médicos prohíben que se le comuniquen noticias que agravarían aún más su precario estado. El 24 se producen nuevas complicaciones que obligan a incorporar al equipo a un gastroenterólogo y un neurólogo: los doctores Marina Fiol y Obrador. El 25, misa y unción de los enfermos. Continúan las hemorragias y la insuficiencia cardíaca.
El 3 de Noviembre se hace a Franco la primera intervención quirúrgica para cortar la incesante hemorragia gástrica. Tiene que hacerse en el botiquín del Regimiento de El Pardo. No había allí más que unas mesas y una lámpara, teniendo que acondicionarse una especie de quirófano da campaña. El 7, nueva intervención, esta vez ya en la Ciudad Sanitaria de La Paz. La misma causa, y, otra vez, a vida o muerte.
El 14, Franco vuelve a sangrar y sufre una nueva intervención de dos horas. La soporta, pero se teme el fatal desenlace en cualquier momento. Su hija Carmen pide que le dejen morir tranquilo. El lunes 17 reaparece la hemorragia y el 18 continúa la que el doctor Pozuelo llama “evolución hacia la muerte”. Y se va aproximando lentamente la llegada de las Parcas.
El frío y estremecedor relato que transmite el doctor Pozuelo de lo acaecido el día 20 de Noviembre, habla por sí solo: “comienza en la madrugada la diálisis peritoneal con antibióticos y ya necesita mucha Dopamina para mantener la tensión. De pronto empiezan a aparecer extrasístoles, se alarga el espacio PP del electrocardiograma y la onda R y advertimos un bloqueo de arborización. Desaparece el complejo ventricular, permanece la onda R y después el encefalograma es plano. Aparece la cianosis y cesan la respiración y el latido…Todo ha terminado. Se procede a la desintubación de los catéteres, se lavan las partes en que había sangre de las punciones y las zonas de los esparadrapos y se prepara el cadáver para la mascarilla y el embalsamamiento”.
A las cinco y media de la mañana llega el presidente Arias Navarro. El doctor Pozuelo redacta el certificado de defunción y se lo entrega al Ministro de Justicia, José María Sánchez-Ventura, que debe extender el acta correspondiente. La firmaron Rodríguez de Valcárcel, como Presidente del Consejo de Regencia; Arias Navarro, como Presidente del Gobierno; el Teniente General Ernesto Sánchez-Galiano, Jefe de la Casa Militar de Su Excelencia el Jefe del Estado; el Jefe de la Casa Civil, Fernando Fuertes de Villavicencio; José Poveda Murcia, Director General de los Registros y del Notariado; el médico de la Casa Civil, doctor Vicente Pozuelo; y el Ministro de Justicia, como Notario Mayor del Reino, con su signo y rúbrica.
A las 6,12 horas del 20 de Noviembre de 1975, el Ministro de Información y Turismo, León Herrera, leyó por Radio Nacional de España el comunicado de la muerte y consiguiente asunción de poderes por el Consejo de Regencia en nombre del Príncipe de España, don Juan Carlos de Borbón. A las 10 de la mañana, un Presidente del Gobierno, compungido y lacrimoso, se dirigió a la nación por radio y televisión y dio a conocer el testamento político “con que nuestro Caudillo se despide de esta España a la que tanto quiso y que tan apasionadamente sirvió”. Se cerraba una larga y crucial etapa de la historia española y se abría una nueva, esperanzada e ilusionante ¿Después de cuarenta años se han alcanzado las expectativas? ¿Después de cuatro décadas se ha abierto una puerta a la ilusión o se ha generalizado la decepción más aterradora? Las respuestas, a la vista están.