Nadie dijo que arreglarse antes de salir fuera fácil. El proceso de acicalamiento de un adolescente, a estas alturas da igual si es chico o chica, es complejo, laborioso, dilatado en el tiempo. También es una oda al desorden y al enciendo cinco lámparas a la vez “porque yo lo valgo”. Enumeremos, estarán prendidas las luces del baño, la del dormitorio, la del vestidor si lo hubiere, añadan la del pasillo que lleva a los cuartos y sumen por último la luz de la cocina, porque el cometido lleva tanto tiempo que la sed y el hambre aprietan y en el transcurso el o la joven abrirá la nevera para reponer fuerzas. Secador, afeitadora, calentador de cera, planchas –de pelo y de ropa-, radio para música ambiente o móvil enchufado a fin de que vaya cargando la batería completarán la sangría de vatios en la previa al Saturday Night, con las pocas luces que le hacían falta al glorioso de Tony Manero.
El
consumo desmedido de electricidad en los hogares se ha convertido en un auténtico quebradero de cabeza para las economías familiares y, también, un lastre para la sostenibilidad del medio ambiente de nuestro planeta, sujeto a los efectos del sobrecalentamiento derivado del cambio climático que algunos no quieren ver, aunque lo tengan “en sus narices”.
Tenemos y contagiamos hábitos que no suman, más al contrario restan vida a nuestro entorno y el azul de nuestra cuenta corriente. Es muy común echarse en la cama para ver la televisión y programar el aparato para que unas horas después, una vez que estemos dormidos, se apague o se encienda al amanecer como si fuera un despertador. También es un hábito dejar los aparatos electrónicos en “stand by” con una pequeña lucecita parpadeando, enchufados, listos para funcionar, o poner en carga el móvil por más tiempo de lo requerido. Son algunos ejemplos de casos en los que
se hace un uso irresponsable de la energía eléctrica y que trataremos más adelante.
Sólo cuando llega la factura de fin de mes, porque llega, aunque el sobre se lleve varios días sin abrir temiéndose uno lo peor, se constatan los repuntes en el consumo de la electricidad o el agua. Entonces sí se despierta algún interés de reducir el uso de la energía a lo necesario, pero no existe todavía en los hogares una consciencia ecológica y de preservación, un compromiso real y colectivo con un efecto tangible. Tampoco en los centros de trabajo o lugares públicos.
Hay un consumo excesivo e innecesario de electricidad en casa, pero también en las empresas públicas y privadas porque muchas, además del uso que hacen durante el día, mantienen espacios súper iluminados durante las noches, mientras por otro lado aún existe déficit en la iluminación pública de muchos barrios y poblaciones, evidenciándose de este modo una mala distribución en el acceso a este servicio.
Entidades ecologistas y colectivos defensores de un consumo racional y responsable han promovido acciones simbólicas en pos de una concienciación sobre este asunto. Una de las más conocidas es la denominada “La hora del Planeta”, que invita a apagar la luz y cortar todo consumo de energía eléctrica por una hora. Se produce con frecuencia, con desigual efecto, si bien supone un importante intento de reducir el alto consumo de electricidad y sus efectos colaterales, como la emisión de gases contaminantes que agravan el deterioro del clima y los cambios bruscos que cada vez son más frecuentes.
La producción de energía eléctrica requiere el uso de grandes generadores, que funcionan en base a fuertes movimientos de agua, en lo que se denomina
hidroeléctrica, o con el uso de otras energías como el gas natural,
termoeléctrica. En todos los casos, esos recursos naturales no son inagotables, más bien al contrario, y el mundo comienza a sentir déficit de estos recursos. Los daños al medio ambiente y el agotamiento de recursos naturales, en la generación y el uso abusivo de la electricidad, son motivos que no se pueden ignorar, para comenzar a utilizar de forma correcta la electricidad y también para hacer una mejor distribución de ese recurso entre toda la población.
Sabemos que el planeta clamara por un uso más responsable y racional de los recursos, pero se nos olvida con frecuencia. La salud de las economías domésticas también necesita
Ahorrar electricidad. Y añadan a todo ello una tercera demandante: la dignidad humana o, si lo prefieren, el compromiso colectivo. Ahorrar en la factura de la luz es una cuestión de decencia, de solidaridad con los demás en una sociedad en la que, lamentablemente, cada se vez se hacen más notorias las desigualdades en la disponibilidad de estos recursos energéticos. Se habla más que nunca de pobreza energética, y sigue muy presente en nuestra mente el triste suceso acaecido a mediados de noviembre en Reus que costó la vida a una anciana, en cuyo hogar se produjo un incendio que se originó por el uso de velas para poderse iluminar. Evitar este tipo de situaciones está en todos nosotros, en las autoridades, las eléctricas y los mismos consumidores, llamados a ahorrar electricidad en casa para contribuir a un mejor aprovechamiento de la energía, a su redistribución, a un mundo más justo.
Pagamos un precio desorbitado por la luz, y no escarmentamos. Las tarifas de las compañías suministradoras contrastan con la indolencia de los habitantes de la casa, de cualquier casa, que no quieren pasar ni frío ni calor pero por separado; que se encapsulan en sus dispositivos móviles o pantallas, también cada uno por su lado, que se cocinan cinco menús diferentes y que no se echan un cable para
Ahorrar luz, sino más bien lo contrario. Según los expertos, los electrodomésticos son los que comportan un mayor gasto en los hogares españoles, con un potencial ahorro de 42,9% (unos 2.960 millones de euros al año). El frigorífico es el que mayor peso tiene en el consumo energético del hogar ya que se mantiene encendido las 24 horas del día. Así que algunos trucos para ahorrar luz pasan por no dejar la puerta abierta, mantener en buen estado nuestro refrigerador o no introducir alimentos demasiado calientes, puede evitar una mayor utilización de energía para enfriar los alimentos y bebidas.
La temperatura es otro aspecto importante, ya que por cada grado de disminución se gasta un 5% más de energía. Entre los consejos para ahorrar luz es clave y fundamental conservar una temperatura de entre 3ºC y 7ºC en el compartimento de refrigeración y un -18ºC en el de congelación. Asimismo, la formación de escarcha de más de tres milímetros -que disminuye la potencia de refrigeración- causa un consumo energético del 30%.
Como ocurre con todos los aparatos eléctricos del hogar, hay que tener muy en cuenta qué modelo se elige y qué etiqueta energética tiene pero, en el caso del televisor, elegir una de pantalla de plasma puede ocasionar que se consuma 2,5 veces más que instalando una de tipo LCD. Además, se puede reducir el consumo de electricidad únicamente obligándose a apagarlo desde el botón y no desde el mando, un stand-by que aumenta su factura de la luz en hasta un 15%. Otra opción es conectar su televisor y distintos aparatos audiovisuales a regletas o bases de conexión múltiple con interruptor, de manera que se apaga todo a la vez.
Con la lavadora basta con llenarla del todo, programarla en ciclos cortos y utilizar cuando sea posible el lavado en frío o la menor temperatura posible. Nuestro bolsillo lo agradecerá. Y es que, entre el 80% y el 85% de energía se destina a calentar el agua, por lo que reducir la temperatura de lavado de los 40ºC a los 15ºC reduce el consumo a la mitad. Lo mismo ocurre con el lavavajillas, otro de los electrodomésticos más usados en el día a día pero que más consumen.
También los ordenadores, enchufes e iluminación, traen los mayores quebraderos de cabeza. Algunos hábitos como dejar enchufado el cable del ordenador o del móvil, no quitar los ladrones o no desconectar los alargadores pueden incrementar nuestra factura de la luz sin darnos cuenta. De igual modo se da sobreconsumo no apagando el ordenador y cerrando sólo la tapa. Actos tan sencillos como apagarlo cuando no se vaya a usar más, reducir el brillo de la pantalla o quitar el salvapantallas, ahorrarían energía.
Existen compañías que están desconectando con el sobreconsumo de luz, con las facturas que alargan los meses de apuros, con la contaminación y el despilfarro. Son empresas cuyos clientes ya están
ahorrando un 14% de electricidad en sus casas y un 33% en sus negocios, con precios sin competencia. Se valen de aparatos ahorradores, consejos y técnicas para el ahorro en las facturas y un control racional del consumo que se notará en el bolsillo desde el primer recibo. Ahorrar a la velocidad de la luz ya está aquí. Súmate.