Asimismo, un estudio llevado a cabo por la EAE Business School destaca que el sector residencial alcanzará los 69.075 millones de facturación en 2018, aumentando un 13,2% respecto a 2015, llegando a niveles similares a los de antes de la crisis.
Muchos expertos han afirmado durante los últimos meses que el 2017 sería el año de la recuperación definitiva. Tras casi diez años de estancamiento, el sector ve claros signos de mejora, todo ello unido al contexto macroeconómico a nivel nacional que, parece, ha finalizado sus turbulencias y vuelve a estar estable. No obstante, el equilibrio no está consolidado del todo, ya que el clima político nacional e internacional hacen que existan situaciones de riesgo por la reacción de los mercados, como la investidura de Donald Trump, el Brexit o las próximas elecciones en Francia y Alemania, todas ellas, situaciones que pueden determinar cambios en las economías mundiales.
Se espera que el Brexit tendrá un impacto limitado en el conjunto de la demanda. Si bien los ciudadanos de Gran Bretaña conforman el 21% de la
demanda extranjera de viviendas, los analistas confían en que la de otros países pueda aumentar. Por otro lado, está el hecho de que los ingleses son los que más pernoctan en España durante las vacaciones de verano; las diferencias entre la libra y el euro y otros factores, podrán modificar las cifras de los últimos años, no obstante, habrá que esperar para conocer el impacto real y si éste es significativo.
La recuperación del mercado inmobiliario viene de la mano de un mayor poder adquisitivo por parte de los ciudadanos. Las mejoras en los datos de empleo y la confianza generada en la sociedad en los últimos años han permitido que los ciudadanos se sientan más seguros, con mayor capacidad de ahorro.
En este sentido, las viviendas vuelven a estar contempladas como una buena inversión, por encima de otras operaciones. Tras la crisis, las viviendas de alquiler aumentaron considerablemente marcando el pistoletazo de salida a otro estilo de vida, como sucede en otros países europeos, en los que no existe tanta cultura de vivir un inmueble en propiedad como sucedía en España.