Hace unas horas, tuve ocasión de hablar telefónicamente con el Sr. Kutnovsky y debo decir, en honor a la verdad, que en él encontré un interlocutor locuaz, receptivo y con un despliegue de humanidad propio de quien se dedica a menesteres espirituales haciendo gala de la amabilidad y sencillez propias de quien merece el calificativo de Maestro.
A continuación, comparto con nuestros lectores el contenido de las preguntas que le formule a Yigal Kutnovsky acerca de los principios de rectitud moral que enseña la milenaria Kabbalah y su aplicación práctica en un entorno empresarial y de negocios.
En el mundo de los negocios, como en cualquier otra instancia de nuestras vidas, está presente la negociación. Cuando éramos niños y le preguntábamos a nuestros padres por la hora del juego teníamos una clara intención de comunicar nuestro parecer y llegar a un acuerdo con ellos. Cada persona posee dentro de sí una grandeza que está directamente relacionada con la responsabilidad que adoptamos por nosotros mismos y con el hecho de ser conscientes del valor intrínseco de dar y de servir al prójimo. Nuestras propias debilidades o miedos tienen una misión clara: absolutamente todo lo que nos sucede conforma una serie de oportunidades para expresar nuestra grandeza de corazón. Siempre tenemos por delante metas amplias, más allá del dinero o la mera supervivencia.
Pensemos en la siguiente idea talmúdica: hacer negocios con dignidad. Hoy día, existen prestigiosas Escuelas de Negocios en China o Corea del Sur en las que la idea de éxito financiero parte, ex profeso, de las enseñanzas milenarias de la Kabbalah. Abraham fue no sólo el primer cabalista sino también un próspero propietario y hombre de negocios. Isaac y Jacob continuaron su línea de hacer negocios teniendo muy presente la dignidad humana. Inclusive, José compartió los alimentos y la comida que tenía acumulados para salvar muchas vidas en Egipto. La consecuencia que debemos extraer es que al final tendremos dinero en el bolsillo, pero éste no nos va a servir de nada si no lo hemos ganado con dignidad ¿Cómo se hace esto? Si nosotros ganamos y hacemos que otros también ganen.
Desde comienzos del siglo XXI, tenemos ante nuestros ojos ejemplos muy claros que van desde el desplome bursátil de 2001 hasta las prácticas delictivas piramidales de Bernard Madoff y que representan un monumento a la vanidad. Recuerdo que durante una anterior visita a Barcelona un taxista me contó los perjuicios que le ocasionó -como propietario de varias viviendas- el estallido de la burbuja inmobiliaria. Sus quejas son una buena muestra de un manejo egoísta de la economía que no tiene en cuenta el concepto de grandeza que enuncié al principio de nuestra conversación.
El dinero siempre debe ser un resultado, una consecuencia de algo que desarrollamos con rectitud moral. Un buen negocio debe llevar impregnada una energía de amor, de cariño hacia los consumidores de un producto o los destinatarios de un servicio. Un cabalista contaba la historia de un zapatero que fabricaba zapatos que duraban 45 años. ¿Cuál era el secreto de la calidad del calzado? Sencillamente, que el artesano inyectaba amor al producto de su labor. El dinero no va a venir si nosotros no nos conducimos a través de una actitud responsable que nos induce a pagar impuestos, gestionar bien el destino de los beneficios, etc. No debemos olvidar cuál debe ser la intención inicial: hay que tomarse al menos un minuto de meditación, de reflexión para inyectar amor al desempeño profesional. De otro modo, los resultados no serán nunca virtuosos ni favorables a nuestra tarea.
La Kabbalah nos habla de la estructura universal. El libro del Zohar hace alusión a 10 sephirot o emanaciones que están fusionando la estructura de este universo y que comparten un flujo común entre ellas. En nuestro mundo, para crear un negocio necesitas crear a su vez un flujo en el que parte de los beneficios generados deben ser repartidos. El acto de dar es el motor de la sociedad y eso se refleja, por ejemplo, en el concepto de diezmo que la Kabbalah y el Talmud señalan. Sobre este particular, tengamos como referencia a dos grandes empresas como Microsoft y Facebook. Ambas corporaciones cuentan con fundaciones cuya misión principal es ayudar a los demás, trabajando en favor de causas sociales y destinando más de una décima parte (diezmo) de sus beneficios a tal cometido.
Mire, yo creo que el ejemplo más ilustrativo es la idea cabalística de causa y efecto. Cada una de nuestras acciones genera consecuencias enormes para nosotros, para nuestras familias y, por extensión, para la sociedad. Al final del día debemos ser conscientes de que hemos plantado semillas y de que estas terminarán por brotar en forma de plantas y frutos. Como individuos, antes de hacer algo dañino o perjudicial para nosotros mismos o para terceras personas, hay que pararse a pensar. Debemos ejercer la restricción, antes de elegir el mejor camino para mostrar todo nuestro potencial, en forma de sentido común y VALORES.
En la actualidad, en The Kabbalah Centre contamos con más de 40 centros y grupos de estudio repartidos por todo el mundo. En nuestros cursos enseñamos a aplicar los principios cabalísticos en cada instancia de nuestra vida diaria. El mundo de la empresa no puede ser una excepción: cualquier negocio duradero es tal por basarse en los mencionados principios impregnados del sentido común que genera un corazón bondadoso. En la práctica, sólo hay dos tipos de seres humanos: los constructores y los destructores. Un constructor sabio no es aquel que simplemente se opone a la destrucción sino quien prende una luz que ilumina y acaba con la oscuridad.
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