Jane Austen “merece un lugar en el selecto grupo de personajes históricos que aparecen en los billetes”. Esa es la justificación de Carney para insertar a la autora entre la galería de nombres masculinos que copan el papel moneda en curso (con la excepción de la monarca) desde que Winston Churchill reemplazara a la activista Elisabeth Fry en los billetes de cinco libras. En la decisión también tuvieron su peso las decenas de miles de firmas recogidas en una petición por Internet, auspiciada por Caroline Criado-Pérez, para que la casa de la moneda feminizara sus productos.
El nuevo billete disgusta, sin embargo, a los sectores contrarios al uso del polímero (veganos, vegetarianos, animalistas…) porque contiene grasa animal. Ya protestaron con la puesta en circulación del nuevo billete de cinco libras en octubre y volverán a hacerlo ante la perspectiva de otro por valor de 20 libras que entrará en curso en 2020. El billete de 50 libras lanzado en 2011 mantendrá en cambio su actual formato de papel.
El Banco de Inglaterra alega que el billete de plástico al que poco a poco van acostumbrándose los británicos (en una primera impresión, parece de juguete) es más fuerte, seguro y limpio, más difícil de falsificar y soporta mejor que su antecesor el ser doblado constantemente. Incluso puede sobrevivir a los giros de la lavadora. Su duración de hasta cinco años supone 2,5 veces más de vida que la de un billete de papel.
Polémicas al margen, la presentación de este martes ha pertenecido a una de las grandes autoras de la literatura inglesa que, tras el receso estival, sustituirá en los billetes de 10 libras a otro de los personajes que enorgullecen al país, el científico Charles Darwin.