Pero no querían hacer una moto de pequeña cilindrada, como las muchas que poblaban la península entonces:
"Nos informamos de cómo eran las motos en aquel momento. Parecía que 350 era una buena cilindrada, eran motos de verdad, no velomotores de los que ya se veían por Barcelona”. De 4T, eso sí, a diferencia de las motos españolas de la posguerra: “No quisimos saber nada de los dos tiempos, pues solo servían para cosas pequeñas como el aeromodelismo” y añade: “No eran económicamente interesantes porque consumían mucho”.
En los 80 y en plena crisis de la industria de la moto en España, la sociedad con Yamaha permitió ver Sanglas con motores Yamaha bicilíndricos: “Me pareció sensacional, parecía hecho a medida, encajó perfectamente en nuestro chasis. Era un motor muy avanzado en aquel momento. Ellos se llevaron una de nuestras motos a Japón y encontraron todas las pegas que te puedas imaginar, pero les gustó”.
En la entrevista, un todavía muy lúcido Javier Sanglas hablaba de presente y futuro de la moto y de la llegada de motos provenientes de China:
“Se puede vender una moto a 100 € en Hong Kong porque trabajan veinticuatro horas al día, durante 365 días al año”.
“Creo que el futuro de la automoción es difícil de pronosticar, pero hay muchos condicionantes de emisiones y normativas. No quiero ser pesimista, pero creo que las ideas geniales se acaban”.
Descanse en paz, Javier Sanglas.