También desfilaron casi 270 tanquetas y vehículos artillados destinados a la defensa o la seguridad interna, mientras que 66 aviones y helicópteros que se usan para adiestrar pilotos y para operaciones especiales surcaron el cielo del centro de la capital.
El presidente Peña Nieto pasó antes revista a cientos de soldados formados en la plancha del Zócalo y, una vez en el balcón, siguió buena parte del desfile acompañado por grupos de niños en uniforme escolar invitados al desfile por su buen desempeño en clases.
Para enmarcar la escena, 4.800 soldados desplegados en una grada formaron un gigante mosaico que mostraba la bandera nacional e imágenes de la historia mexicana o de las fuerzas armadas.
La parada también contó con policías federales que realizan operaciones especiales y otras actividades, además de una columna del cuerpo de bomberos de la Ciudad de México, que sumaba tres décadas de no participar.
El Ejército contemplaba un mayor número de contingentes para su desfile anual, pero los redujo porque unos 20.000 soldados atienden la emergencia tras el sismo de 8,2 grados del pasado 7 de septiembre, el cual dejó miles de damnificados en los sureños estados de Oaxaca y Chiapas y al menos 98 muertos.
"¡Estamos con ustedes! ¡Viva Oaxaca! ¡Viva Chiapas!", exclamaron al unísono los casi 5.000 militares que formaban los gigantes mosaicos al término del desfile, ante la ovación de los asistentes.
Antes, aviones colorearon de verde, blanco y rojo el cielo del primer cuadro de la ciudad, mientras la tropa en tierra entonaba el himno nacional.
Las fuerzas armadas mexicanas miran la tradicional parada militar como una oportunidad para convivir y estrechar lazos con la población.