CONCEPTO DE LA SEMANA
· Gestion pasiva y gestión activa son opciones totalmente válidas en la práctica, pero la elección de una sobre otra vendrá determinada por distintos factores, como el momento en el que se encuentre el mercado o los objetivos que se quieren conseguir
Redacción | Miércoles 27 de septiembre de 2017
Javier opina que, para conquistar una chica, la mejor opción es currárselo mucho, decirle lo guapa que va, llevarla al cine, ayudarla con los deberes e invitarle a chuches. Sin embargo, su amigo Pablo no hace tantas cosas. Él prefiere hacerse el interesante y esperar tranquilamente a ver si es ella la que va a decirle algo. Así explican los niños en qué consiste la gestión pasiva y activa a la hora de invertir en fondos de inversión. Para ellos, la gestión activa/pasiva consiste en poner en marcha sus propios trucos para conseguir la meta que se propone. Lo mismo sucede en el mundo de la inversión, en el que cada inversor tiene un objetivo de rentabilidad y riesgo, que tratará de alcanzar a través de su método o estrategia. Este es otro de los términos financieros que forman parte del proyecto de educación financiera Pequeños Inversores, puesto en marcha por el banco digital Self Bank, junto a 25 gestoras de fondos con el que se busca desmitificar que las finanzas son complicadas y que hasta un niño es capaz de explicarlas.
Antes de continuar con la explicación del término gestión activa/pasiva, es importante tener en cuenta que todos los fondos poseen un , o índice de referencia. A través de ellos es posible comparar y medir, con respecto a un valor previo, la evolución de una determinada inversión. Pero eso sí, los objetivos del fondo frente al índice pueden ser distintos y, tras ellos, se encuentran la gestión pasiva y la gestión activa.
Se define gestión pasiva como el estilo de inversión en el que la cartera replica el comportamiento de un determinado índice de referencia. En ella, el gestor no ha de tomar ninguna decisión, sino que simplemente ha de realizar una copia del índice. Así pues, los resultados obtenidos sobre el fondo serán parecidos a los del índice de réplica.
Por otro lado se encuentra la gestión activa, la cual radica en la libertad de los gestores para invertir solo en los activos, compañías o países que consideren más interesantes, independientemente de si estos se encuentran o no en el índice de referencia. De este modo la evolución de la inversión puede ser muy diferente de la del índice, dependiendo en parte del grado de libertad que tenga el gestor en función de la política de inversión del fondo.
Ambas opciones son totalmente válidas en la práctica, pero la elección de una sobre otra vendrá determinada por distintos factores, como el momento en el que se encuentre el mercado o los objetivos que se quieren conseguir.
A largo plazo, hay estudios estadísticos que demuestran que la gestión pasiva suele ofrecer rentabilidades superiores. Pero, sin embargo, la gestión activa puede ayudarnos a conseguir rentabilidad en el caso de que los índices estén cayendo. Por ello, la combinación de ambas puede ser nuestra aliada a la hora de obtener buenos resultados.