El hastío por la situación, junto a importantes avances militares gubernamentales frente a los guerrilleros y el narcotráfico, a la vez que la tímida apertura cubana y el fracaso de los regímenes socialistas han sido las principales causas del acuerdo entre gobierno y FARC para iniciar las conversaciones.
Las FARC habían pasado de más de 20.000 efectivos en sus filas y una amplia red de milicianos y simpatizantes en el año 2002, a apenas 7.000 guerrilleros en 2016, junto a unos 3.000 milicianos de apoyo. La disminución de efectivos y capacidades ha sido consecuencia de la mejora de capacidad del ejército colombiano.
Por ello, tras largas y difíciles negociaciones se firmó públicamente el acuerdo, que por su complejidad, pretendía abordar todas causas del conflicto, pero el mismo contenía un dardo envenenado. Su ratificación plebiscitaria dio lugar a una campaña que hizo aflorar sus contradicciones mientras era utilizado por los adversarios políticos del presidente para desgastarlo. El plebiscito celebrado en octubre de 2016 contó con baja participación 37% y el “No”, para sorpresa del mundo, venció con la exigua diferencia de 0,43%, apenas 53.000 votos.
Sin embargo, el día después de la derrota se reiniciaron los trabajos para modificar el acuerdo adaptándolo a ciertas exigencias de la oposición, y finalmente en noviembre se presentan los nuevos acuerdos y la Misión de Naciones Unidas en Colombia, que se venía conformando desde el mes de junio, lanzó sus actividades.
La misión ha realizado las siguientes actividades principales: desplegar 450 observadores internacionales y 90 miembros e NNUU en 26 sedes locales y 9 sedes regionales, distribuidas por todo el país, y en coincidencia con las áreas de más actividad guerrillera; trasladar a estas zonas cerca de 7.000 guerrilleros; controlar e impulsar la construcción de los campamentos donde los guerrilleros deberán alojarse tras finalizar el proceso; ejecutar un proceso de dejación que ha permitido recoger más de 7.000 armas, que luego han sido trasladadas a un depósito en Bogotá, así como destruir toneladas de explosivos y municiones; alcanzar cerca de 800 depósitos de armas distribuidos en zonas inaccesibles y evacuar las mismas al depósito de Bogotá; destruirlas en el depósito por corte y con ellas construir tres monumentos por la paz.
La misión ha sido dura pues las condiciones logísticas son muy limitadas en un país con unas condiciones geográficas extremas y donde la seguridad deja mucho que desear. En ella han participado 18 observadores españoles, que además de contribuir a que un acontecimiento histórico sin precedentes se lleve a cabo, han destacado por su iniciativa y capacidad, ocupando destacados lugares en la estructura de la Misión, contribuyendo a aumentar el prestigio de nuestro país y a mostrar el apoyo de España al gobierno Colombiano.