Este mismo concepto se puede aplicar al capital, en lo que se llama la productividad marginal del capital. Por ejemplo, una empresa toma prestado un millón de euros, el beneficio de la empresa es 10.000. Si toma prestado un millón más y el beneficio es de 21000, la productividad marginal del capital será creciente. Sin embargo, si al aumentar en un millón el capital prestado, el beneficio es de 19000, la productividad marginal del capital será decreciente.
En cualquier caso, la ley de los rendimientos decrecientes afirma que a medida que se aumenta un factor de productivo en la producción de un bien, se alcanza un punto en el que la producción total aumenta cada vez menos, por lo tanto en el medio y largo plazo lo habitual será la productividad marginal decreciente frente a la creciente.
¿Qué relación tiene todo esto con las burbujas financieras? Según el capital va teniendo una productividad marginal decreciente su rendimiento también disminuye. Volviendo al ejemplo del empresario, éste pagará menos por la unidad adicional del capital que toma prestada puesto que ésta produce menos.
En este sentido, el rendimiento del capital acumulado sería cada vez menor según su cantidad vaya aumentando. El capital buscará formas de rendimiento que le compensen por esta disminución en su rendimiento provocando inversiones especulativas.
Esto explicaría, por ejemplo, la burbuja de las puntocom y la inmobiliaria de antes del 2008. En ambos casos una gran cantidad de capital busca rendimientos en dos sectores, el tecnológico y el inmobiliario, no basado en sus retornos anuales (alquileres, dividendos) sino en los incrementos de precios de las acciones y de los inmuebles, lo que finalmente, al ser inversiones especulativas, lleva al estallido de las burbujas.
En definitiva, cuando existe una gran acumulación de capital, el rendimiento de éste baja, lo que le fuerza a buscar su rentabilidad en inversiones especulativas, que pueden generar burbujas financieras. Y todo por la productividad marginal del capital.