Urge una investigación profunda, que depure responsabilidades del papel que juegan determinadas administraciones locales en la protección de colectivos delictivos de izquierda. No podemos consentir que estos grupos violentos, estén en locales municipales que nos pertenecen a todos los ciudadanos, y sobre todo, la cobertura mediática y legal de la que disponen. También urge conocer de una vez por todas, las actividades que realizan y los mensajes que se imparten en estos centros. Alguien debe explicarnos por qué se les protege y se les alienta, por qué se les consiente y por qué no se toman medidas efectivas para erradicar de nuestra sociedad a estos parásitos, a estos maleantes y delincuentes que pretenden atemorizarnos a todos.
Ayer asesinaron a Victor Láinez, mañana podemos ser cualquiera de nosotros. La ley de la mentira histórica, la criminalización de una época, la tergiversación de la historia, así como la utilización perversa del lenguaje, constituyen un coctel perfecto, que sirve de cuartada para justificar el crimen y los actos violentos, sirven de cuartada para justificar el crimen de Victor Laínez.
La izquierda deshumaniza a la persona, a la víctima. Si eres tachado de facha, fascista, nazi, franquista, católico o simplemente español, es un “atenuante”. No tienen la percepción de matar a un ser humano, a una persona. El calificativo te hace ser una sub categoría de hombre que no es merecedor de ningún derecho de los que habitualmente reclaman para otros colectivos, y además, teniendo en cuenta que para el criminal, el violento, el asesino, es facha, fascista, nazi, franquista, católico o simplemente español, todo aquel que no piensa u opina como ellos.
La muerte de Victor Laínez, es el resultado lógico, la consecuencia esperada de la aplicación práctica de lo políticamente correcto. Sembraron odio hacia el diferente, criminalizaron una idea y esto les legitimiza para la eliminación física, no solo teórica, del que no les gusta. Sin darnos cuenta, aceptamos como políticamente correcto, lo que no es correcto, lo malvado y el odio.
El crimen de Victor Laínez no puede, no debe quedar impune. Exigimos justicia, y exigimos que los inductores intelectuales del asesinato, paguen por fomentar el odio y la criminalización de las ideas. Tiran la piedra, esconden la mano y alientan las conductas delictivas de individuos como Rodrigo Lanza, que no deja de ser el mamporrero de turno de todos aquellos que desde los despachos diseñan una nueva sociedad, diseñan una ingeniera social, donde los diferentes al pensamiento único y políticamente correcto, no tenemos cabida.