Los mismos políticos, las mismas autoridades que no tienen empacho en colocarse lazos de colores, en este caso morados contra la violencia machista, de género, doméstica o sexual, me da igual el calificativo que deseen añadir para que parezca más políticamente correcto, y que se dan golpes por la muerte Diana Quer, luego derogan la prisión permanente revisable para que los asesinos salgan pronto a la calle. Son los mismos que pretenden darnos lecciones de moral, y los mismos que nos engañan respecto a las medidas a adoptar para la prevención de crímenes como el que hoy nos ocupa. Y a todos aquellos o aquellas que pretenden criminalizar al hombre por el hecho de serlo, recordarles también que a Diana Quer le mata un canalla, un degenerado, un depravado con el que la justicia ha sido extremadamente laxo, y al que encubre una mujer.
Determinados colectivos feministas pretenden subirse al carro en el caso de Diana Quer, sin que me quede muy claro cual es el objetivo que persiguen. Colectivos, que, por cierto, esconden cifras como que gran parte de las agresiones domésticas, son llevadas a cabo por extranjeros residentes en nuestro país y que la mayoría de los pederastas son homosexuales. Colectivos muy cercanos a la izquierda de este país, que por otro lado siempre se oponen al endurecimiento de las condenas y a la reforma del código penal y la ley del menor. Colectivos muy contradictorios en su forma de pensar y de actuar y que se prestan con facilidad a todo tipo de experimentos de ingeniería social.
No criminalicemos al hombre por el hecho de serlo. Endurezcamos las penas, no banalicemos comportamientos que acaban en degeneración y que algunos pueden ver como normales cuestiones que no lo son, y sobre todo no permitamos que nos engañen. El culpable o culpables de la muerte de Diana Quer, saldrá en libertad en unos pocos años, si todos aquellos que llevan lacitos morados y ponen gesto serio y circunspecto lo permiten, y a buen seguro que lo permitirán, como ya hicieron como Miguel Ricart.
Las cosas no cambian por si solas. Aquí todos tienen buenas intenciones. Muchos minutos de silencio, muchos lazos y concentraciones, pero nada efectivo para evitar o por lo menos prevenir casos como los que aquí hemos tratado. Me dan asco y me producen repugnancia aquellos que condenan los crímenes y las violaciones, pero luego se escandalizan y ponen todas las trabas a su alcance cuando se habla de cumplimiento íntegro de condenas, prisión perpetua revisable o simplemente mayor vigilancia en la concesión de libertad vigilada o permisos para este tipo de delincuentes y delitos.