El castillo de naipes se desmorona y todos tan contentos. La brecha, la fisura, la grieta en ambos frentes, es algo mas que evidente. En el independentista, son cada vez mas las voces que dan por amortizado a Puigdemont y desean la formación de un gobierno posibilista. La chusma es muy valiente en grupo, en manada, pero no tanto cuando se la individualiza, cuando se la identifica o se la responsabiliza de un hecho en concreto. Son pocos los dispuestos a llegar hasta las ultimas consecuencias en pos de conseguir la independencia de Cataluña. El miedo a pisar la cárcel, les atenaza a la hora de tomar decisiones que puedan entrañar la posibilidad de entrar en el talego, y Rogelio Torrente no esta dispuesto a pasar por semejante trago, por muy independentista de salón que sea. En el frente “constitucionalista” no están mucho mejor. Ciudadanos e Inés Arrimadas, la nueva favorita de la prensa y los medios conservadores de este país, nos hablan de unidad frente al separatismo, unidad que no se creen ni ellos mismos, y que queda en evidencia cada vez que tienen que llegar a algún tipo de acuerdo. Los Socialistas tampoco son unos socios fiables, la visión de cada reyezuelo territorial es diferente dependiendo de la comunidad autónoma donde residan. Con toda seguridad, la cuestión es que la Constitución del 78 no es la solución, es parte del problema. La constitución por si sola, no es suficiente para garantizar la unidad de este país.
Puigdemont y sus SMS han dado un balón de oxigeno impagable a un Mariano Rajoy que atraviesa sus horas más bajas y han conseguido que el independentismo empiece a pensar en un cambio de estrategia que muchos les reclamaban. Desean volver a la normalidad, “a su normalidad”, la del 3%, la de la imposición lingüística, la de la desobediencia a las resoluciones del tribunal constitucional, la del adoctrinamiento en las escuelas, la de las embajadas en el extranjero, la de la marginación al que piensa diferente. En definitiva, a la normalidad que nos han vendido los últimos 40 años en Cataluña, con la complicidad de los distintos gobiernos de España. Sin querer ver, que nada era normal en Cataluña antes ni después de ese 1 de octubre.
Tengo claro que el conchaveo, el cerdeo, la componenda ya esta en marcha. Los SMS de Puigdemont son el pistoletazo de salida para que las aguas vuelvan a su cauce, a esa situación que quieren vendernos como normal. Solo les separa dos obstáculos que tienen que domesticar, que tienen que neutralizar, la movilización popular de miles de españoles y al Juez Llarena.