Eso sí, podemos decir que los tiempos y las formas están cambiando poco a poco. Hablo desde mi experiencia personal, que en ningún momento se ha visto marcada por la desigualdad ni la falta de oportunidades. Y también tomando ejemplo de otras compañeras de profesión que, como yo, han prosperado en el ámbito investigador sin percibir ningún tipo de discriminación de género.
Esta transformación viene de una evolución lógica de nuestra sociedad, que en los últimos 40 años ha sufrido importantes ajustes en sus hábitos y roles. Pero también de iniciativas que han ido surgiendo para dar visibilidad a las grandes pioneras de nuestra ciencia y, lógicamente, a los beneficios que han dado a la sociedad sus investigaciones. Desde la eterna Marie Curie y sus estudios sobre radioactividad, hasta María Blasco, especialista en biología molecular y hoy directora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). Pasando por la bioquímica Margarita Salas, la física especializada en óptica Mª Josefa Yzuel o la microbióloga y bioquímica Emmanuelle Charpentier.
Ellas son sólo una pequeña muestra de las grandes profesionales que hoy trabajan por la ciencia y que empiezan a tener el reconocimiento que merecen, aunque todavía queda mucho camino por recorrer. Porque aún son pocas las investigadoras que han sido galardonadas con un Nobel, por ejemplo.
No se trata de que se concedan premios sólo por una cuestión de igualdad de género, sino de encontrar un equilibrio en el sistema que ofrezca las mismas oportunidades a hombres y a mujeres de trabajar en grandes proyectos. Y que se les dé visibilidad, para que las niñas y los niños tengan referentes femeninos y aspiren a ser como ellos.
Como ya he comentado anteriormente, esa visibilidad cada vez es mayor gracias a las acciones de diversas iniciativas. Una de las más jóvenes es el movimiento 11 de Febrero, a través del cual multitud de organismos, asociaciones y empresas de todo tipo han canalizado bajo una misma plataforma charlas, cursos y talleres que han tenido lugar en estos últimos días en toda la geografía española. Eventos en los que las profesionales de la ciencia han sido las protagonistas y que han servido también para llevarlas a los medios de comunicación, a las redes sociales, a los blogs…
Ahora el objetivo es que todas y todos, profesionales de los distintos ámbitos científicos, seamos un referente por igual, no sólo durante una semana aislada, sino a lo largo de todo el año, de toda la vida. Que se mire la calidad de nuestros trabajos y no nuestro nombre y nuestro género y podamos aportar nuestro granito de arena al progreso. Sólo entonces podremos borrar el 11 de febrero de nuestros calendarios. Pero mientras llega… ¡bienvenido sea!