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Claves para ser un buen directivo y no morir en el intento

¿UN DIRECTIVO NACE O SE HACE

· Por Sara López Martos, Licenciada en Economía por la Universidad de Barcelona (UB) y Bridgewater College, Virginia (EEUU), Master en Protocolo, Organización de Eventos y Gestión de Congresos y asesora Experta en Organización de Eventos Institucionales, Congresos y Presentaciones Corporativas

Lunes 26 de marzo de 2018
A lo largo de vuestra trayectoria profesional estoy segura de que habéis tratado con ejecutivos de perfiles muy diferentes. En ocasiones este trato ha resultado enriquecedor. Sin embargo, en otras la relación no ha sido tan positiva. No me cabe la menor duda de que en algún momento habéis sido testigos de alguna conversación en la que alguien se quejaba de su jefe. Son justo estas quejas las que me generan una serie de dudas que me gustaría compartir con todos vosotros: La persona que desee tener un equipo a su cargo, ¿debe de mostrar unas habilidades directivas concretas? Es más, ¿el buen Directivo nace o se hace? Son muchos los estudios que han enumerado de forma detallada todas las habilidades que debe de tener un Directivo. Como especialista en protocolo me gustaría encuadrar ab initio todas estas habilidades dentro de los cuatro pilares del protocolo social: saber ser, saber estar, saber comunicar y saber funcionar. A priori os avanzo que todo aquél que aspire a ocupar un puesto de directivo deberá contar con una excelente formación y preparación. Esta formación académica le ayudará a desarrollar unas habilidades pero existen otras que no se adquieren a través del estudio ya que son innatas, éstas son las aptitudes. Dicho esto paso a detallar las principales habilidades directivas.

En primer lugar, el Directivo debe ser una persona estratega y para ello necesita conocer a la perfección los objetivos de su empresa con el fin de diseñar las estrategias que permitan alcanzarlos. Del mismo modo, el conocimiento de los objetivos permitirá al Directivo orientar a su equipo. No sólo basta con tener claros los objetivos a alcanzar, el buen jefe debe de conocer a la perfección a los miembros de su equipo. Dicho conocimiento le permitirá ajustar su discurso a las necesidades de cada uno de sus trabajadores.

Así mismo, este conocimiento le permitirá por un lado, distribuir las tareas de forma más eficiente sacando así el máximo potencial de sus trabajadores y por otro, fomentar la confianza. Esta confianza debe de ser bidireccional, es decir, los trabajadores necesitan sentir que su Jefe tiene en cuenta sus necesidades, conoce a la perfección su empresa y el sector en el que se mueve y que no toma decisiones impulsivas. Por su parte, el Jefe debe de sentir que sus trabajadores serán capaces de desempeñar las funciones que se les asignen. Todo ello sin duda favorecerá el trabajo en equipo.

Si el Directivo conoce a la perfección los puntos débiles y las fortalezas de su equipo y de su empresa, podrá ser capaz de anticiparse a cualquier contratiempo que pueda aparecer. Es lo que se conoce como visión sistémica. Jonathan Swift dijo en una ocasión: “Visión es el arte de ver las cosas invisibles” El buen jefe debe de estar preparado y contemplar diferentes escenarios para aportar soluciones cuando aparezcan los problemas y siempre mostrando una inteligencia emocional. Es decir, no se pueden tomar decisiones de forma impulsiva. Se trata de ser capaz de analizar la situación de forma detallada para de este modo encontrar la solución más viable en el menor tiempo posible.

Otra de las habilidades muy relacionada con la confianza es la capacidad de delegar. Cuando un Jefe confía en su equipo es capaz de delegar funciones y dicha delegación refuerza la seguridad de los trabajadores respecto a sus capacidades profesionales. El Directivo que logre conocer a su equipo de trabajo, sepa comunicarse con él y que además confíe en él logrará delegar. Todo lo dicho anteriormente denota la importancia de unas buenas dotes de liderazgo por parte del Directivo.

El buen Jefe debe de ser capaz de motivar a sus trabajadores. Si los trabajadores están motivados se sentirán parte del proyecto con lo que desearán que salga bien y harán todo lo posible por conseguir alcanzar los objetivos de la empresa. Esta motivación se logrará reconociendo los esfuerzos y buenos resultados obtenidos por los empleados y al mismo tiempo planteando las críticas como una oportunidad para mejorar. Dicho de otro modo, se necesita ASERTIVIDAD y empatía. Todo ello se consigue con unas buenas dotes de comunicación.

A mi entender el buen Directivo se hace en la mayoría de casos. No existe el Jefe perfecto. Lo más importante es que la persona que desee alcanzar un puesto de esta naturaleza sea consciente de sus fortalezas y de sus debilidades. Creo firmemente que existe un componente biológico que hace que cada Directivo sea diferente y único. De ahí que nuestras experiencias en el mundo laboral hayan sido tan dispares. Todos podemos asistir a cursos para aprender a dirigir equipos pero sin duda el uso que se haga de esos cursos y el aprendizaje variará en función de cada individuo. El buen Jefe aparece al combinar unas habilidades innatas, otras adquiridas a través de cursos y a través de la experiencia laboral y personal. Huxley solía decir: “la experiencia no es lo que nos sucede, sino lo que hacemos con lo que nos sucede” El Directivo se pasa toda su vida profesional aprendiendo dado que sus equipos de trabajo irán cambiando así como los objetivos y el entorno de la empresa.