Parecería que la chequera y la repartición no han dado el resultado esperado. Los “refugiados” siguen llegando.
Actualmente se debate una reforma a las normas de inmigración del llamado reglamento de Dublín para lograr un mecanismo de reparto claro acerca de a quien corresponde asilar a los “inmigrantes ilegales” que arriben por Grecia, Italia y España.
El debate comienza con la propuesta de Francia y Alemania para que los tres países en la primera fila de la llegada de “ilegales” se hagan cargo de todas las solicitudes de asilo de manera permanente. Las cuotas de distribución solo podrán ejecutarse en situaciones de casos de refugiados y en caso de una nueva crisis migratoria y todos los países tendrán que aceptar cuotas obligatorias de acogida.
La respuesta de algunos de los miembros de la Unión Europea no ha tardado. Hungría, Polonia, Eslovaquia, Republica Checa, Letonia y Lituania se niegan a aceptar el reparto obligatorio de refugiados.
El ministro de Interior del nuevo gobierno de Italia, Matteo Salvinin ha sido claro, “se acabó la buena vida, que empiecen a hacer maletas”. El gobierno polaco argumenta los valores cristianos que fundaron Europa y se opone a cuota de refugiados en su mayoría musulmanes. Eslovaquia se niega a aceptar refugiados musulmanes.
Hungría ha pedido a la Unión Europea que pague parte del muro que levantó para frenar a los inmigrantes y Eslovenia construye un muro en su frontera con Croacia.
Mientras, Emmanuel Macron con su reforma a la ley migratoria de Francia, dice que “hay que avanzar en una política común de asilo, de protección de fronteras y de desarrollo exterior”.
Y del otro lado del charco, llegó Donald Trump con sus propuestas electorales y ahora sus acciones desde el gobierno de regulación de la inmigración, incluyendo la construcción del muro en la frontera con México y asegura que México pagará su construcción.
La inmigración se ha convertido en una amenaza a las naciones-estados del mundo desarrollado.