San Pablo se ocupó de poner a la mujer en “su sitio” cuando dice que el varón es la cabeza de la mujer. Definitivamente San Pablo dejó a la mujer “descerebrada”. Se le prohíbe pensar.
Parecería que en el mundo actual los conceptos emitidos siglos atrás siguen siendo norma para el sexo masculino.
Luego del escándalo por abuso sexual protagonizado por el magnate del cine de Hollywood, Harvey Weinstein, las denuncias de violación, acoso, y abuso se expanden como la verdolaga en el mundo mundial.
Artistas, políticos, instituciones públicas, organizaciones humanitarias, empresarios, la Iglesia Católica, (decía mi padre, “debajo de la sotana hay pantalones”) periodistas, intelectuales y la lista no termina, se han enfrentado a las denuncias de violación, acoso, además de la violación a menores.
Las cortes judiciales se abarrotan de casos por doquier, las renuncias y el perdón de los imputados ocupan las noticias de los medios de la comunicación del mundo global.
Surge el movimiento Me Too.
Luego del escándalo en la Iglesia Católica chilena por los casos de abusos sexuales, de proteger a los sacerdotes pedófilos y de la renuncia de todos los 34 obispos del país, el Papa Francisco dedica su homilía de su misa cotidiana a la explotación de las mujeres como meros objetos.
Dice el Papa “¿cuántas veces las chicas necesitan venderse como un objeto desechable para tener un puesto de trabajo? ¿Cuántas veces? Y agrega, “en los programas de televisión, revistas, periódicos, vemos a las mujeres como objeto de deseo, de uso, como un supermercado”.
Parecería que en estos tiempos de la postmodernidad el asunto no “es la economía, estúpido”, ¡son las emociones!