Fernández-Albor pilotó aviones, ganó dos elecciones, fue médico cirujano, representó a Galicia y a España en el Parlamento Europeo, promovió el europeísmo en España refundando el Comité Español por la Unión Paneuropea que presidió. Fue un impulsor de las ideas de Ricardo Coudenhove-Kalergi y del Archiduque Otto de Habsburgo en nuestro país, compartiendo con este último amistad y escaño en el Parlamento Europeo, ambos en las filas del Partido Popular Europeo.
Entre otras muchas distinciones, se le concedió la Gran Cruz de Isabel la Católica, la medalla de Oro al Mérito en el Trabajo y el Premio Otto de Habsburgo.
D. Gerardo fue también Presidente fundador del Intergrupo del Parlamento Europeo del Camino de Santiago. Siempre nos recordaba que el Camino era como Europa: “Se hacía paso a paso, se construía poco a poco con el apoyo de todos”. En alguna ocasión le escuché decir que Santiago de Compostela debería haber sido designada a su vez capital de Europa, pues “Europa tal y como la conocemos nace de la peregrinación a la Ciudad del Apóstol”.
Fue un demócrata, un cristiano, un hombre bueno, con “sentidiño”, moderado, que supo compaginar su vida pública con su vida familiar. Estuvo casado con Amparo Baltar con la que tuvo siete hijos.
En una de sus últimas apariciones públicas en septiembre del año pasado a modo de epílogo dirigiéndose a los presentes dijo: “mis raíces cristianas están en la tierra gallega y los brotes más tiernos sueñan con acariciar el cielo (…) El camino recorrido valió la pena y hay que seguir adelante sin desfallecer, creo en el futuro porque creo en las personas y juntos podréis hacer cosas grandes”.
La última vez que pudimos vernos fue el 27 de mayo de 2013 cuando con 96 años una representación de la Junta Directiva de Paneuropa España le entregamos el IX Premio Otto de Habsburgo durante un almuerzo en el Hostal de Los Reyes Católicos. Nos despedimos sabiendo que sería difícil que volviéramos a encontrarnos, pero sabiendo que nos unía mucho: nuestro amor a España y a Europa como proyecto afianzado en unos principios y valores cristianos. España y Europa, sin en el cristianismo, no pueden entenderse, al igual, que la una sin la otra.
D. Gerardo, maestro, amigo, seguiremos tu ejemplo de compromiso y espíritu de servicio construyendo una España en una Europa reconocible y fiel a sus raíces, como garantes de un mundo globalizado con rostro humano.