Las protestas en Nicaragua se iniciaron en abril pasado y reclaman la renuncia de Ortega con acusaciones de abuso y corrupción.
La Comisión Iberoamericana de Derechos Humanos (CIDH) y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos han responsabilizado al gobierno de violaciones de los derechos humanos en la crisis que ha dejado cientos de muertos, heridos y desaparecidos.
La Organización de Estados Americanos (OEA) aprobó un calendario electoral de acuerdo con el diálogo nacional liderado por la Iglesia Católica como una vía para salir de la crisis. Por supuesto, Nicaragua y Venezuela votaron en contra. Bolivia se levantó de la sesión.
Mientas, los partidos políticos de “izquierda” aliados en el Foro Sao Paulo, reunido en La Habana, Cuba, ha emitido una declaración que dice “el imperialismo e intervencionismo extranjero del gobierno de Estados Unidos a través de sus agencias en Nicaragua, organizando y dirigiendo a la derecha local para aplicar una vez más su conocida formula del mal llamado golpe suave para el derrocamiento de gobiernos que no responden a sus intereses”.
O sea, se trata de una conspiración. ¿Y no se cansan de repetir lo mismo una y otra vez?
Todavía en Iberoamérica los líderes políticos creen que son monarcas. Por supuesto con un sistema “democrático” de elecciones y cambios constitucionales, a la medida, que les permite reelegirse y quedarse el poder para siempre.
Se convierten en dueños de la finca y en jefes de la nación.
Nicaragua en un buen ejemplo. Desde José Santos Zelaya, la dinastía de los Somoza y el actual “revolucionario sandinista” Daniel Ortega.
Ya lo decía Bolívar “huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes, es un país de esclavos”.