Pero se debe señalar que por un lado no somos todos iguales, y por otro, es una grave injusticia dispensar un trato igual a los desiguales.
Además, no debemos olvidar, que en lo relativo a la Economía, hasta la fecha todo intento de implantación de lo que se viene denominando como Economía Planificada, al final, se ha demostrado que ha sido un estrepitoso fracaso.
Pues es evidente que resulta prácticamente imposible pretender realizar un dirigismo absoluto de cualquier economía, sea esta pequeña o grande. Se trata de algo inviable y los matemáticos han explicado perfectamente su motivo, a través de lo que denominan caos determinístico. Además, en este mundo cambiante en el que vivimos, y en la aldea global en que nos encontramos, se debe competir constantemente en los mercados.Y para ello es absolutamente necesario que se pueda ser flexible, para poder cambiar lo que sea pertinente, con la inmediatez debida, en aras a poder ofrecer los bienes o servicios que sean demandados, para poder obtener la ventaja competitiva suficiente y así obtener la posición deseada, que permita una sostenibilidad en cualquier empresa.Intentar sostener la tesis de que una economía planificada es mejor que una economía de mercado; resulta ser del todo equivocada e ilógica en nuestros días.
Este tipo de economías nunca podrán ser productivas en la práctica, precisamente por el hecho de no ser competitivas porque ese sistema económico està pensado para economías autárquicas y nunca englobadas en una Aldea Global que es la realidad actual. Y ésto obviamente, abocará a un desastre económico, sin ningún género de duda.Por eso mismo resulta evidente que una economía de mercado, con la concurrencia de una sana competencia, continúa siendo la mejor elección en lo que a sistema económico se refiere.Y es por lo que los Gobiernos, que llevan algunos de ellos, incluso décadas en el poder y aún no han sido capaces de dar bienestar a la ciudadanía, se debe reflexionar seriamente sobre si debieran irse y dejar paso a otros gestores que si puedan verdaderamente ofrecerla a esas sociedades. Pues resulta triste y bastante ofensivo ver que existen demasiados países que se encuentran en una situación económica pésima a pesar incluso de poseer unos recursos naturales impresionantemente ricos. El caso de Venezuela y Nicaragua es en estos momentos muy actual y estoy seguro que todos los lectores tendrán ya en mente numerosos ejemplos más, por lo que resulta innecesario realizar exposición concreta de ninguno de dichos países en los que viene sucediendo este hecho.