Los mayores que tienen segundas residencias, gran parte de ellas en zonas costeras o en su pueblo de origen, y que en muchos casos no pueden disfrutar por problemas de salud, de movilidad, de desplazamiento o simplemente porque ya no pasan el periodo vacacional allí, optan por hacer una renta vitalicia después del verano.
La venta de un inmueble a cambio de recibir una renta vitalicia, conservando si es preciso, el derecho de uso, es una práctica creciente en nuestro país, que superara próximamente las 10.000 operaciones anuales.
Cuando la renta vitalicia se establece sobre una vivienda en segunda residencia (no habitual), la ganancia obtenida resulta exenta del IRPF hasta un límite de 240.000€ por contribuyente y siempre que la renta vitalicia se constituya en un plazo máximo de seis meses.
Además, las personas de 70 años o más se benefician de la mayor exención fiscal, aplicándose la retención de IRPF (actualmente un 19%), únicamente sobre el 8% de la totalidad de rentas percibidas, lo que a efectos de simplificar supone el 1,52% de retención.
Estas ventajas, establecidas a raíz de la última reforma del IRPF son las que impulsan a muchos mayores a tomar la decisión de vender la vivienda que no disfrutan a cambio de una renta mensual que alcanza de media los 950 euros.
Atendiendo al cambio demográfico y de costumbres del mercado inmobiliario, Vittalias prevé un crecimiento del número de contratos de renta vitalicia del 100% en los próximos cuatro años. Así, en 2020 se prevén 17.000 firmas de esta modalidad.
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