El acceso a la regulación que vivió el sector online en 2012, donde se publicó la ley mencionada y, por tanto, el marco legal de actuación, también trajo consigo la tranquilidad y garantía para los usuarios, que ahora podían cumplir de forma escrupulosa la regulación en edad, defensa del consumidor y que también obligaba a las empresas que operaban – aunque fuera online – en el mercado a tributar más allá del clásico euro que hacían de manera previa.
Desde la publicación de la ley, las empresas debían solicitar ya una licencia, lo que garantizaba que cualquier movimiento financiero derivado de ellas quedaba sujeto a la legislación vigente española y, por tanto, garantizaba a los usuarios ciertos mínimos que, antes, con el vacío legal, quedaban en entredicho.
Todo este entorno nuevo, apenas estrenado, no ha hecho sino acrecentar un sector que se ha visto beneficiado del anonimato de la web, sin necesidad de ceñirse a un horario complicado en las salas de juego y que, además, permite limitar las apuestas tanto como el usuario quiera en busca de evitar caer en la ludopatía.
De hecho, cada tres meses deben reportar a la autoridad, pudiendo así tantear el importe que mueven este tipo de sites, siendo además espectaculares las cifras. Hasta septiembre de 2017 se han contabilizado nada menos que 9776 millones de euros, siendo el sector online quien factura hasta 3940 millones de euros.