En la actualidad la esfera en torno a la sexualidad parecería ser el tema global en la política, el deporte, en la Iglesia, en la empresa y en los ciudadanos.
En el entorno político algunos casos ya fueron escudriñados por la justicia o por los organismos políticos.
El caso del ex presidente Bill Clinton y su Mónica. En 1998 la Cámara de Representantes inicia un proceso de destitución (impeachment) de Bill Clinton por perjurio y obstrucción de justicia como consecuencia del escándalo de su relación “sexual” extramarital. Fue absuelto por el Senado de ambos cargos.
Dominique Straus-Khan el director del Fondo Monetario Internacional en esos momentos fue acusado por agresión sexual por una encargada de limpieza en un hotel en New York. No fue condenado y llegó a un acuerdo de pago con la acusadora.
Clarence Thomas es nominado por George H. Bush a la Suprema Corte en 1991. Es acusado por Anita Hill de haberla acosado sexualmente cuando trabajaba para él. El Senado confirmó la designación y en la actualidad es juez de la Suprema Corte.
En Francia, la motocicleta de François Hollande se podría decir que se hizo viral. Descubren al presidente francés de incógnito en motocicleta y con casco para visitar a su novia secreta y su respuesta es que los asuntos privados se tratan en privado.
En la actualidad Brett Kavanaugh es el protagonista de las noticias globales.
Nominado por Donald Trump para ocupar el puesto de juez de la Suprema es acusado de intento de violación y agresión sexual por la profesora universitaria Christine Basey Ford cuando ambos acudían al instituto en 1982.
Los jueces de la Suprema Corte son vitalicios. El presidente propone al candidato y debe ser confirmado por mayoría en el Senado. La Comisión de Asuntos Judiciales debe aprobarlo previamente. La Comisión lo ha respaldado.
Luego del terremoto político por la nominación, el Senado ha aprobado a Brett Kavanaugh como juez de la Suprema Corte de Justicia.
Parecería que la sexualidad se ha convertido en el problema prioritario de una política moral de la globalidad.
¿La revolución global de Giddens?