Lejos estamos de aquellos primeros electrodomésticos que constituían toda una novedad y que cuando se adquirían duraban media vida. Cierto, en algunos casos se estropeaban, pero repararlos era sencillo y barato. En la actualidad, raro es encontrarse con una persona a la que no se le ha estropeado un electrodoméstico bastante antes de lo que contaba y en principio sin motivo aparente. Por norma general esto suele ocurrir poco después de que se acabe la garantía del aparato, haciendo que la reparación, en caso de que sea posible corra a cuenta del propietario, y esto en el mejor de los casos, pues en la gran mayoría de casos la respuesta suele ser que no es posible reparar el aparato o que su coste sería más elevado que adquirir un aparato nuevo.
Esto que la población ha asumido como algo normal es la obsolescencia programada, es decir la reducción intencionada del ciclo de vida de un producto para aumentar su venta y consumo. La comparativa anual de la Asociación Nacional Fabricantes e Importadores Electrodomésticos (ANFEL) muestra que desde el 2014 hasta nuestros días el número de lavadoras, lavavajillas, secadoras, frigoríficos, cocinas, hornos y campanas extractoras ha aumentado notablemente. Solo en el caso de los congeladores en 2017 se situaron a niveles por debajo de los logrados en 2014.
“Somos una empresa comprometida con el medio ambiente, que para nada está de acuerdo con la obsolescencia programada empleada por muchas marcas en sus productos. Por eso, intentamos proveer las piezas necesarias a nuestros clientes para que ningún aparato sea desechado por falta de las mismas o su deterioro” indican desde Servi Hogar Tarraco.
Para fortuna de todos y en beneficio del medio ambiente la Unión Europea intenta tomar cartas en el asunto de la obsolescencia programada y ha aprobado una resolución para prolongar la longevidad de los bienes de consumo y software.