Internet y su expansión ha transformado la manera de hacer las cosas. La manera de hacer y también la manera de concebir. Ha supuesto – y está suponiendo – una revolución transversal que arrastra al ser en todas sus facetas: en la de la amistad, el amor, el ser consumidor, el profesional y el ser personal.
La forma de relacionarse en estas distintas esferas ha cambiado todo por completo y, entre sociólogos, tecnólogos y economistas o estadísticos intentan entender qué supone todo esto en el impacto de una marca o un tema social y cómo puede cambiar el destino de los mercados, a veces, de un día para otro.
La fidelización de las marcas ha pasado a la historia y muchas se encuentran aún nadando en un desconcierto que deben transformar o solucionar rápido si quieren que los nuevos tiempos no les pille con el pie cambiado. Unos nuevos tiempos que ya se antojan viejos porque los cambios tecnológicos y las tendencias se suceden rápidamente.
La red de redes, precisamente, se encarga de eso. De crear redes y es capaz de generar movimientos nuevos, a veces en bloques grandes, a veces en pequeños, pero cuando esto se produce, ya nada es lo mismo.
Por eso es importante el manejo de los datos, para intentar generar patrones y poder anticiparse todo lo que se pueda a las nuevas tendencias. Y no sólo, también entender qué ha funcionado y qué no y tener un cierto feedback de las acciones, a la vez que mantener un registro.
En realidad, con los datos se pueden hacer infinidad de cosas y pueden ser el instrumento para un segundo paso.
Existen distintas herramientas que ayudan a muchos de los temas que se han citado anteriormente, pero si hay una básica y necesaria, ésta es el formulario, que ha sobrevivido y ha traspasado la frontera de lo analógico a lo digital haciendo un salto a la piola con tirabuzón.
Los formularios siempre han sido una excelente forma de recoger información, de pulsar sobre un cierto un tema o, simplemente, para establecer un registro.
Y, a pesar de la rigidez que podría caracterizar este tipo de herramientas, existen plataformas online como Typeform que, con una interfaz amable, consiguen romper esa rigidez con la que se han concebido, transformándolos – porque esto va de transformaciones – en algo atractivo y dinámico, simulando una conversación y humanizándolo.
Esto es importante porque cada vez las personas cada vez van más deprisa y se paran menos tiempo a hacer una actividad. En seguida se pasa a la siguiente. Una muestra de ello son los vídeos. Cada vez más cortos. ¿De 3 minutos? Eso ya es demasiado, aunque 3 minutos, en realidad, pasen en un suspiro.
Por eso es necesario que los formularios online consigan enganchar y cautivar, pero también deben contar con pocos campos y muy concisos en una suerte de “lo bueno, si es breve, dos veces bueno”, para evitar que el usuario se aburra y se vaya.
Invitaciones a jornadas, encuestas, concursos o pedidos online son algunas de las aplicaciones que pueden necesitar de un formulario y, si se piensa, seguro que vienen a la mente multitud de ejemplos y de landing pages a las que se ha llegado tras cumplimentar unos campos específicos.
Para armar un buen formulario, hay que tener en cuenta distintos aspectos que se resumirá a continuación y sobre algunos de se ha hecho hincapié a lo largo de este artículo: