Hoy España tiene poco que agradecer al miembro de la Compañía de Jesús que se ordenó en 1967 y que después, como político, prefirió la compañía del diablo asesino de ETA. Su actitud de mirar para otro lado ante los asesinatos y de compresión ante el fenómeno de ETA fue y es inaceptable. Más de 800 asesinados, miles de heridos y mutilados y numerosos miles de personas afectadas directamente. Todo ello ante la fría mirada de quien, mientras tanto, recogía las nueces de las trasferencias de competencias y también las financieras vía cupo vasco. Se estima que más de 200.000 ciudadanos vascos tuvieron que exiliarse a Sevilla, Valencia, Madrid y tantas otras ciudades de España.
Tras el vergonzoso y humillante cierre del tema ETA por parte de Zapatero, el independentismo etarra y las actitudes filoetarras siguen campando libremente por el País Vasco. La agresión a dos guardias civiles y sus parejas en Alsásua demuestra que el terrorismo independentista vasco sigue siendo una asignatura pendiente de nuestra democracia. Habrá que solucionarlo, bien porque depongan de su actitud o bien porque se les obligue a hacerlo. La convivencia democrática que propugna la Constitución no se logrará mientras, en puestos importantes, sea a nivel nacional o territorial sigan, estando al frente quienes miran para otro lado o inclusive son condescendientes con esos criminales no arrepentidos. Por eso, Arzállus, en el mundo espiritual tendrás que arrepentirte y pedir perdón para poder salir de la infamia que tu actitud ha cargado sobre tu apellido. ¡Viva España y viva el País Vasco en libertad!