La obra, en la que se pueden encontrar continuas referencias al humor de los Monty Python, mantiene en líneas generales el argumento de la película protagonizada en su día por Charlton Heston, al que Yllana y Nancho Novo dan, no obstante, una potente vueltecita de tuerca humorística, haciéndonos ver que la historia de Ben-Hur puede que no fuera exactamente tal y como nos la contaron, y convierten al musculoso y machote personaje interpretado por Heston en el también musculoso pero menos machote protagonista de una aventura contada al ritmo del popular himno gay It’s raining men.
Y como ya ocurría en la película, también aquí la escena más recordada será la de la famosísima carrera de cuadrigas, reproducida con la ayuda de un ingenioso sistema que los de Yllana han denominado Teatromascope, que no es otra cosa que la proyección de imágenes en movimiento sobre una gran pantalla para dar verosimilitud a una carrera que aquí, como casi todo lo que ocurre sobre el escenario en las casi dos horas de representación, es una verdadera locura de principio a fin.
En cuanto al reparto, del que ya decíamos que se encuentra en “estado de gracia” - todos ellos se desenvuelven a la perfección en clave humorística - merece especial mención, aunque solo sea por su reivindicación tan real como teatral del papel de la mujer, el dúo femenino formado por Elena Lombao y María Lanau, que se desdoblan en muy variados personajes que van desde las leprosas madre e hija de Ben-Hur hasta los buitres carroñeros, con homenaje incluido al conocido sketch de los pajaritos tantas veces interpretado por Yllana.
Agustín Jiménez y Richard Collins Moore dan rienda suelta con naturalidad a su vis cómica, de la que ambos van sobrados. El primero es el que lleva en mayor medida el peso conductor del espectáculo, y lo hace con su gamberrismo habitual racionado en su justa medida e interactuando con el público con la guasa que le caracteriza. Y el segundo, que se permite ofrecer una especial diversidad de caracterizaciones, vuelve a deleitarnos con un personaje divino, como ya lo hizo en La llamada, esta vez con un Jesucristo muy superstar del que no se sabe si va o viene, no tanto por su actitud como sobre todo por la melena que luce por ambos lados de la testa.
Y luego está la “parejita” formada por el judío y el romano, o el romano y el judío, que al final no se sabe muy bien quién es quién, y que interpretan con gran soltura un versátil Fael García (Mesala) y un descarado Víctor Massán (Ben-Hur), quien no se arredra ni para rascarse el culo en plena carrera de cuadrigas. De la relación entre ambos protagonistas saca el texto de Nancho Novo todo el jugo posible, exprimiéndola hasta el terreno que, según cuentan las malas lenguas, ya se sugería sutilmente en el Ben-Hur cinematográfico, pero camuflado entonces hábilmente por William Wyler para evitar que un conservador Chartlon Heston no saliera huyendo del rodaje como alma que lleva el diablo.
Y es que otra cosa que viene a demostrarnos esta obra entre guasa y guasa es que los tiempos, por fin, están cambiando.
La loca, loca historia de Ben-Hur
Teatro La Latina, Madrid
Versión de Nancho Novo
Dirección: Yllana
Reparto: Agustín Jiménez, Elena Lombao, Richard Collins-Moore, Víctor Massán, Fael García, María Lanau
Del 28 de marzo al 26 de mayo