Las elecciones bolivianas vienen precedidas por el resultado del Referéndum Constitucional del 21 de febrero de 2016, en el que se preguntaba sobre la posibilidad de poder postularse a un nuevo mandato del Presidente y Vicepresidente. En dicho Referéndum ganó el NO por un 51% frente al 49%. No obstante, el 28 de noviembre de 2017, el Tribunal Constitucional de Bolivia falló a favor de la postulación indefinida y modificó la Ley de Régimen Electoral.
Durante estos dos años la población boliviana se ha polarizado entre aquellos que exigen la aceptación del resultado del NO en las Urnas y los partidarios del actual Presidente que exigen el acatamiento del fallo del Tribunal Constitucional. La tensión ha aumentado en las últimas semanas de campaña con la celebración de varios Cabildos (asambleas ciudadanas abiertas), donde han participado cientos de miles de personas en los Departamentos de Santa Cruz, Cochabamba y La Paz, con una asistencia masiva en contra del Presidente Morales.
Al gobierno de Evo Morales hay que reconocerle los resultados económicos, el aumento de inversión en Salud y Educación, así como sus esfuerzos por reducir las brechas de la fuerte desigualdad en el país. En contra, el no haber aceptado el resultado del citado Referéndum y no haber conseguido la propuesta de “Integración” de todos los bolivianos.
Bolivia siempre ha tenido una democracia de un perfil débil que en estos momentos peligra de nuevo. Gane quien gane, Evo Morales o Carlos Mesa, en primera o segunda vuelta, lo que está garantizado es que la polarización será cada vez mayor y que Bolivia se verá amenazada por una desestabilización de gran calado. Estados Unidos apuesta por una salida de Evo del palacio de gobierno, mientras Venezuela y Cuba apoyan a Morales.
La población está dividida mitad por mitad y esto puede ser muy peligroso, ya que cualquier chispa podría ocasionar un escenario de violencia y enfrentamientos. Los candidatos presidenciales tienen la obligación de calmar los ánimos y que las aguas vuelvan a su cauce democrático, institucional, pacífico y de avances en prosperidad. Es, hoy por hoy, su máxima responsabilidad.
En medio de todo ello, como siempre, estarán los bolivianos y bolivianas con un alto nivel de empobrecimiento, que sufrirán las consecuencias en cualquiera de las dos opciones. De todas formas, la ciudadanía es la que elige y tiene en sus manos orientar el gobierno hacia un lado u otro. Deseamos suerte en su decisión y esperamos que los gobernantes tengan altura de miras para colocar al país por encima de sus intereses personales.