Las expectativas no son halagüeñas para el mercado del arte en España. Los vendedores prevén demasiadas similitudes con la “Crisis Negra” del 2009.
La prudencia y previsión podrían ser clave. Medios especializados en el sector artístico como Art Newspaper, Invaluable o ArtNet, nos están ofreciendo desde el inicio de la pandemia una visión de relativa tranquilidad en el comportamiento en los mercados internacionales del arte y fundamentalmente en relación con las grandes casas de subastas. Esfuerzos de marketing aparte, verdades “a medias” y nuevas modalidades de compra “OnLine” aunque únicamente para piezas de valor medio, esta incertidumbre socio económica que estamos viviendo es el peor escenario para el mercado del arte.
No sería recomendable repetir los mismos errores que se dieron entre los años 2010 al 2017:
El Segundo Mercado del arte y de las antigüedades español se saturó de piezas, provocando una importante depreciación que todavía estamos sufriendo.
Como decía don Manuel,“Spain Is Different”. En el mercado español, ya de por si paupérrimo y que no se ha recuperado todavía del batacazo sufrido del 2009 al 2016, ya se está percibiendo una situación de alarma entre vendedores y propietarios muy similar a la de aquellos Años Negros. Nuestro mercado es frágil y nuestros coleccionistas y propietarios especialmente asustadizos. A grandes rasgos, así actúo el mercado español en la pasada crisis:
No es recomendable plantearse en estos momentos una venta de arte de manera desesperada. No obstante, si esa es la intención, la primera recomendación para evitar disgustos es averiguar el verdadero valor y estado de las obras.
Obviamente el escenario se presenta difícil, ahora bien y a partir de la experiencia de los Años Negros, sería recomendable que el propietario y antes de entrar en pánico, se plantee si quiere vender como sea, lo que puede resultar fatal en un mercado del arte tan endeble como el nuestro, o si por otro lado quiere valorar sus opciones, por lo que sería aconsejable que al menos fuese previsor:
En primer lugar prudencia y evitar precipitaciones. Solicitar a un profesional independiente una Estimación de Valor, NO UNA TASACIÓN ya que no es posible llevarla a cabo en estas circunstancias de confinamiento actual. De esta manera se tendrá una idea aproximada y considerar si el precio que ofrecen es justo o un vulgar atraco.
Ser concientes que un mercado en crisis está ávido de obras de autores cotizados y con proyección internacional únicamente. Los autores locales y contemporáneos que no cumplan ese requisito sufrirán una depreciación respecto al precio de compra. Es decir esperar a tiempos mejores.
De momento no va a celebrarse ningún tipo de subasta abierta al publico y dudo mucho que un anticuario sea considerado Servicio Prioritario, por tanto las opciones de venta son y serán muy limitadas y especialmente inciertas, sobretodo las ventas OnLine. Una obra valiosa debe verificarse personalmente o al menos verla físicamente. Tener en cuenta que el precio que puede obtenerse en este tipo de compra-venta va a ser mucho más bajo que en una situación normal, ya que el comprador español no arriesga más de 3.500 € con una compra virtual. En el caso de las subastas internacionales los requisitos son más exigentes.
En estos momentos es una ingenuidad pretender realizar una venta rápida y rentable. Malvender una obra de cierta importancia si es fácil. Siempre lo ha sido. La obra de autores importantes va a mantener su precio, sobretodo en el mercado internacional, para ello es fundamental tener claro la situación legal de la obra (originalidad y permiso de exportación) según los casos. Si no se dispone de ello, se deberán tramitar para poder vender con todas las garantías.
Desgraciadamente ante la necesidad el propietario tiene la última palabra, pero desde luego el arte siempre es mejor conservarlo y venderlo para un momento de estabilidad de los mercados como cualquier otro activo, pero también como cualquier otro activo financiero, perfectamente documentado y legalizado. A ver si aprendemos…
En todos los casos: Prudencia y previsión ante lo que puede llegar.